El enfrentamiento entre España y Bélgica en el Mundial 2026 reaviva un vínculo histórico de casi dos siglos, forjado bajo la Monarquía Hispánica de los Habsburgo. El partido entre España y Bélgica por las semifinales del Mundial 2026 no solo define un pase deportivo, sino que también revive una relación histórica de casi dos siglos. Durante los siglos XVI y XVII, los actuales territorios belgas estuvieron integrados en la Monarquía Hispánica de los Habsburgo, una estructura política con vastos dominios en Europa y América. Según la Real Academia de la Historia (RAH), esa conexión dejó una huella profunda en los ámbitos político, militar, artístico y comercial de ambas sociedades. Más allá del fútbol, el pasado revela episodios comunes poco conocidos. Soldados de la península ibérica y de Flandes sirvieron juntos en las mismas milicias, mientras que funcionarios, mercaderes y creadores viajaban con frecuencia entre ambas regiones. Instituciones como el Museo del Prado, el Instituto Cervantes y el Museo Real de Bellas Artes de Amberes confirman que ese intercambio constante impulsó notablemente la cultura, la diplomacia y el arte en ambos lados. El origen de esta alianza se remonta a finales del siglo XV, cuando los Habsburgo y la corona castellana sellaron una unión estratégica. Tras la muerte de Carlos el Temerario, su herencia pasó a María de Borgoña y Maximiliano I. El hijo de ambos, Felipe el Hermoso, se casó con Juana de Castilla. De ese matrimonio nació Carlos V en Gante, un soberano que unificó bajo un mismo mando los Países Bajos y los territorios ibéricos, los cuales incluían gran parte de la actual Bélgica. Así, ambos territorios colaboraron en aspectos políticos, militares y culturales, dejando una impronta perdurable en la historia de Europa. El escudo de la Monarquía española, en Malinas. Foto: Javier Rubio/Voz Populi

El escudo de la Monarquía española, en Malinas. Foto: Javier Rubio/Voz Populi

Durante los reinados de Carlos V y Felipe II, la región fue un motor económico clave para la Monarquía Hispánica. Investigadores del Instituto Cervantes señalan que el comercio de lana castellana impulsó la industria textil flamenca, a cambio de productos suntuarios, armamento y relojes. En el ámbito militar, los Tercios reclutaron combatientes nativos de esas provincias para defender los intereses del imperio, lo que forjó un ejército multinacional altamente operativo en Europa.

Esa cooperación dejó una huella cultural profunda que perdura siglos después. El monarca introdujo la etiqueta de Borgoña en la corte madrileña, mientras que la pintura flamenca despertó admiración en la península. Hoy, el Museo del Prado resguarda obras maestras de Rogier van der Weyden, El Bosco y Pedro Pablo Rubens. Además, la Orden del Toisón de Oro, creada en 1430, sigue vinculada a la jefatura del Estado español como su máxima condecoración.

Escudo de la Monarquía española en la ciudad de Oudenaarde, Bélgica. Foto: Javier Rubio/Voz Populi

Escudo de la Monarquía española en la ciudad de Oudenaarde, Bélgica. Foto: Javier Rubio/Voz Populi

¿Cómo terminó la soberanía compartida entre España y Bélgica?

El vínculo empezó a fracturarse bajo el gobierno de Felipe II. La expansión del protestantismo, las cargas tributarias y las demandas de autonomía desencadenaron la Guerra de los Ochenta Años, un conflicto analizado por la Real Academia de la Historia. Mientras las provincias del norte lograron su independencia, los territorios del sur —que hoy conforman Bélgica— permanecieron bajo el dominio de la Monarquía Hispánica durante un largo periodo.

La fractura institucional entre España y los territorios que hoy conforman Bélgica se selló definitivamente tras la Guerra de Sucesión Española. Los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) transfirieron los Países Bajos españoles a la dinastía austríaca de los Habsburgo, extinguiendo así el dominio de la Corona ibérica. Tras sucesivas administraciones de Viena, Francia y los Países Bajos, la Revolución belga de 1830 —validada por la historiografía europea— otorgó a la zona su independencia real. Hoy, Madrid y Bruselas preservan una alianza sólida en el marco de la Unión Europea y la OTAN. Según informes del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y el Servicio Público Federal de Asuntos Exteriores de Bélgica, la cooperación bilateral abarca comercio, educación, ciencia y seguridad. Lejos de los antiguos antagonismos de la Edad Moderna, el próximo encuentro en el Mundial 2026 representa solo una rivalidad deportiva entre dos naciones soberanas que hace siglos integraron un mismo imperio. google icon

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