El Perú se consolida como el tercer productor pesquero marino del mundo, un logro que descansa en la alta productividad de nuestro mar y en una industria pesquera sostenible que lidera el suministro global de alimentos e ingredientes marinos. Según la FAO, en 2024 las capturas marinas mundiales alcanzaron los 80 millones de toneladas, de las cuales el 42% fue aportado por cinco países: China (15%), Indonesia (9%), Perú (7%), Rusia (6%) e India (5%). La anchoveta, la especie más abundante del planeta, mantiene una gestión pesquera basada en evidencia científica, reconocida como ejemplo mundial por la FAO, la OCDE y universidades como Yale y Columbia.

Más allá de las cifras, la pesca industrial es un motor de desarrollo económico y social. Impulsa el dinamismo en las comunidades costeras, sostiene los ingresos de miles de familias y genera empleo para más de 250 mil trabajadores, entre tripulantes, personal de planta y proveedores —principalmente pymes de mantenimiento, astilleros, alimentación, limpieza—, además de dinamizar los negocios portuarios. Por ello, resulta relevante que el Congreso haya desestimado discutir leyes que responden solo a intereses particulares de ONG internacionales, como la prohibición absoluta de la pesca industrial en Áreas Naturales Protegidas sin sustento técnico. Cada área natural se gestiona según sus objetivos específicos, y la evidencia científica demuestra que conservación y aprovechamiento sostenible pueden coexistir. “¡Sigamos impulsando el desarrollo económico y social sostenible! ¡Señores congresistas, que bueno que no se dejaron sorprender!”, concluye la columna.

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