En el Perú existe una costumbre peligrosa: esperar que ocurra el desastre para recién descubrir que era previsible. Cada año, las lluvias intensas, las quebradas activadas, las inundaciones y los daños a viviendas, carreteras y servicios básicos vuelven a sorprender a quienes deberían estar preparados, pese a que no son fenómenos inesperados. Sin embargo, en el distrito de Órganos, en Piura, algo diferente está ocurriendo.
Hace algunas semanas, el cura de la localidad conversó conmigo y, con la tranquilidad de quien conoce a su comunidad y observa el territorio, me comentó que esta vez estaban intentando prepararse antes de que llegara la emergencia. No me habló de grandes obras ni de inversiones millonarias. Me habló de limpieza de drenajes, mantenimiento de cauces, identificación de puntos críticos y organización vecinal para enfrentar las próximas lluvias. Su mensaje era simple, pero revelador.
La conversación despertó mi curiosidad. Al revisar lo que venía ocurriendo, comprobé que efectivamente Órganos estaba apostando por algo que en el Perú todavía parece excepcional: la prevención. Sin presupuestos extraordinarios ni megaproyectos, este distrito entendió que la mejor emergencia es la que nunca ocurre. Sus autoridades y ciudadanos decidieron actuar antes de que llegara el problema, demostrando que la gestión del riesgo también puede construirse desde abajo hacia arriba.
Por eso la experiencia de Órganos merece atención. Agradezco al cura por haberme llamado la atención sobre esta experiencia. Cuando lleguen las próximas lluvias, Órganos probablemente no será inmune a sus efectos, pero estará mejor preparado que muchos de sus vecinos. La pregunta es inevitable: ¿esperarán los demás a sufrir los mismos problemas de siempre o tomarán, de una vez por todas, la decisión de prevenir antes que lamentar?
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