Un bebé de apenas 15 días de nacido fue clave para que la Policía Nacional capture a Juanita Alejandra Guibert Sandoval, de 35 años, quien estaba condenada a cadena perpetua por el secuestro y tortura de su expareja, el empresario trujillano Iván Díaz Garrido. La mujer, que llevaba varios meses prófuga, fue detenida la noche del 8 de julio en una vivienda de la urbanización Santa Inés, en Trujillo, donde se ocultaba para eludir la sentencia del Poder Judicial.
La intervención estuvo a cargo de unidades especializadas de la Tercera Macro Región Policial y se realizó en el inmueble del jirón Las Turquesas N.° 0428 y 0430, en cumplimiento de la Resolución N.° 01 del Expediente N.° 7759-2023-2 del Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria y del mandato policial vigente. El operativo fue coordinado por el fiscal provincial titular de la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Trujillo.
El jefe de la Región Policial La Libertad, general Ricardo Espinoza Cuestas, explicó que los agentes mantenían una vigilancia permanente sobre la vivienda y tenían plenamente identificados a quienes entraban y salían del lugar. Sin embargo, una persona nunca aparecía en el exterior. Fue entonces cuando el llanto del recién nacido delató a Guibert Sandoval, que permanecía escondida en el interior. Tras su captura, la sentenciada fue trasladada a la carceleta del Poder Judicial para iniciar el cumplimiento de su condena y quedar a disposición de la autoridad judicial.
EL BEBÉ FUE LA CLAVE
La captura de Juanita Guibert Sandoval, condenada a cadena perpetua por su participación en el secuestro y tortura de su expareja Iván Díaz Garrido, se logró gracias a la presencia de un bebé de 15 días de nacida. Durante una vigilancia constante, las autoridades notaron que, mientras todos los ocupantes de la vivienda salían, ella permanecía en el interior. “Es más, sacaron al bebé en brazos y esa fue la forma de confirmar que la madre, ella ya sentenciada a cadena perpetua por participar en este secuestro, se encontraba en el interior”, explicó el general Espinoza durante la diligencia.
Al momento de la intervención, Guibert estaba acompañada de la recién nacida, quien, según la detenida, es hija de su actual pareja sentimental. El Ministerio Público coordinó las acciones para garantizar el bienestar de la menor mientras la sentenciada era puesta a disposición de la justicia. Con esta captura, concluyó la búsqueda de la única condenada por este caso que seguía en libertad.
Los hechos se remontan al 23 de octubre de 2023. Aquella mañana, delincuentes vestidos con chalecos similares a los de la Policía Nacional llegaron hasta el negocio de Iván Díaz Garrido, ubicado en la avenida Perú, en Trujillo, y se lo llevaron por la fuerza. Toda la intervención quedó registrada por las cámaras de seguridad del establecimiento. Las autoridades sostienen que Guibert Sandoval cumplió un papel determinante en la planificación del secuestro al proporcionar información que permitió a los integrantes de la organización criminal Los Pulpos ejecutar el plagio.
EL SECUESTRO QUE CONMOCIONÓ A TRUJILLO
El empresario Iván Díaz permaneció 11 días en cautiverio, durante los cuales fue torturado con el cercenamiento de varios dedos y parte de una oreja. Los secuestradores exigían 250 mil dólares para liberarlo, y tras el pago del rescate, lo abandonaron con vida en unos cañaverales del distrito de Laredo. La investigación fiscal identificó a cuatro implicados: Edward Sebastián Amaya Bendezú, José Raúl Córdova Arteaga, Jakelin Marina Rodríguez Vega y Juanita Alejandra Guibert Sandoval. Según el Ministerio Público, algunos custodiaron al empresario mientras otros recogieron el dinero del rescate.
En mayo de 2026, la Corte Superior de Justicia de La Libertad condenó a los cuatro responsables a cadena perpetua y ordenó el pago de 500 mil dólares y 26 mil soles como reparación civil a favor de la víctima. Tras recuperar su libertad, Díaz declaró que un día antes del secuestro había estado con Juanita Guibert en un sauna y aseguró que la relación entre ambos nunca había terminado. Afirmó que ella tenía 33 tatuajes con su nombre, describió la relación como violenta desde sus inicios y mencionó ataques contra su patrimonio. “Me quemó una camioneta”, contó. También recordó una conversación durante el cautiverio en la que uno de sus captores dijo que no podían matarlo porque era “la gallina y los huevos de oro”.
Seis meses después de haber sido liberado, Iván Díaz sufrió un derrame cerebral que le afectó la movilidad y el habla. Desde entonces viaja constantemente a Lima para someterse a sesiones de fisioterapia y rehabilitación. Las secuelas del secuestro no terminaron con su liberación. El caso que marcó su vida quedó finalmente cerrado, con todos los sentenciados a disposición de la justicia.
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