Este jueves 9 de julio, Francia y Marruecos se enfrentan en Boston por un cupo en las semifinales del Mundial 2026. La FIFA confirmó que este cruce de cuartos de final evoca la antesala de la final de Qatar 2022, un duelo decisivo en el que ambos equipos buscan meterse entre los cuatro mejores del torneo internacional.

Más allá del fútbol, el partido tiene una profunda carga geopolítica. Medios internacionales lo describen como un posible “partido de la reconciliación”, una metáfora del actual acercamiento diplomático entre ambas naciones, que contrasta con tensiones históricas ligadas al protectorado francés, la migración, la identidad cultural y el conflicto del Sahara Occidental desde el siglo XX.

La relación bilateral moderna se originó con el Tratado de Fez de 1912, que impuso el protectorado francés sobre Marruecos. Aunque París rechazó el término colonia, la tutela política, militar y financiera se mantuvo bajo su dominio hasta la independencia del país magrebí en 1956. Ese período forjó un vínculo ambivalente, marcado por la cooperación económica, la subordinación institucional y el recuerdo vivo de la época imperial.

En la actualidad, la alianza entre ambos países se ha fortalecido con un compromiso diplomático y 22 convenios firmados, aunque aún persisten fricciones que marcan su relación.

Francia y Marruecos se enfrentan por un lugar en las semifinales del Mundial 2026. Ese duelo fuera de lo común combina fútbol y geopolítica.

La ONU estableció en 1991 la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO) para vigilar el cese al fuego y coordinar una votación popular que jamás ocurrió. Esto sucedió luego de que el Sahara Occidental detonara el principal conflicto geopolítico regional tras la salida de España en 1975. El reino alauí exigió la soberanía de la zona como parte de sus provincias del sur, en contraste con el Frente Polisario, que defendió la autodeterminación saharaui.

Francia respaldó históricamente la postura de Rabat, aunque evitó validar por completo su autoridad jurídica en el área desértica. Dicha indefinición provocó tensiones diplomáticas, incrementadas tras el reconocimiento estadounidense de la legitimidad marroquí en 2020. El punto de inflexión definitivo aconteció en julio de 2024, cuando Emmanuel Macron transmitió al monarca Mohamed VI que el presente y el futuro del Sahara Occidental debían integrarse dentro de la soberanía marroquí. El mandatario francés validó el proyecto autonómico de Rabat al calificarlo como "la única base" para lograr una salida pacífica y definitiva, un espaldarazo histórico para Rabat.

Los dos países encaran su compromiso futbolístico bajo un panorama diplomático renovado respecto a períodos anteriores.

A pesar del acercamiento político, persisten roces que impiden una reconciliación absoluta entre Francia y Marruecos. El escándalo de espionaje Pegasus, el endurecimiento de visas, el peso de la comunidad migrante y el distanciamiento de París con Argelia condicionan el pacto bilateral. Por eso, este cruce de cuartos de final trasciende lo deportivo y refleja tensiones históricas. En la cumbre oficial de octubre de ese año, los mandatarios sellaron 22 convenios valorados en cerca de 10.000 millones de euros, destinados a infraestructuras estratégicas, hidrógeno verde, desalinización y la extensión de la red ferroviaria de alta velocidad hacia Marrakech. Ese intercambio financiero consolidó la aproximación política.

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