Un gobierno que aspire a ser eficaz debe reconocer sus propias limitaciones y apoyarse en los mejores técnicos, afirma Martín Santiváñez en su columna "Humildad y realidad". Para el autor, la clave del equilibrio de todo gobierno sabio reside en buscar a quienes realmente saben resolver los problemas cotidianos de cada pueblo y región. "La alta política da la línea de acción, señala un horizonte, una utopía indicativa y los técnicos resuelven lo que nadie sabe cómo resolver", sostiene. Eso, precisamente, es la humildad.

Sin embargo, la construcción de un nuevo gobierno debe fundarse ante todo en el principio de realidad. Santiváñez advierte que gran parte de la crisis actual proviene de una distorsión ideológica que intenta construir un modelo ficticio para enfrentar los problemas del país. Al exacerbar y deformar principios como la solidaridad, la libertad o la justicia, las ideologías pretenden transformar la realidad con teorías y remedios que no nacen de la experiencia, sino de la mente fanática de pseudo-intelectuales que abrazan el espejismo de la ensoñación. Cuando esas teorías se aplican a la realidad, fracasan y generan miseria, sectarismo, destrucción o ineficiencia. "Una cosa es con guitarra y la otra con cajón", resume.

Por ello, resulta fundamental analizar con seriedad y prudencia los límites del pensamiento ideológico. Algunos ingenuos creen que pueden manipularlo todo según sus deseos, aunque estos colisionen con los problemas reales. Santiváñez recuerda que el Perú es semejante pero no igual a otros países: existe una singularidad nacional, un particularismo que nos hace parecidos pero diferentes a los demás. La realidad nacional debe ser estudiada "milímetro a milímetro", confiando en quienes están en el frente de batalla, no en los que miran desde la retaguardia. Y la retaguardia, advierte, es Lima. Intentar aplicar fórmulas que no han nacido de la realidad inmediata condena al gobierno al ausentismo y la esterilidad. "Y ya sabemos qué hace el pueblo peruano con ese Jano bifronte que a tantos males nos ha condenado", sentencia.

El autor concluye que se necesita un gobierno realista de gerentes, de técnicos que se alquilen, de peruanos que resuelvan los problemas cotidianos de cada pueblo y cada región.

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