Mientras la atención política se centra en el cambio de gobierno y los retos de la nueva administración, una amenaza de enormes proporciones comienza a tomar fuerza en el horizonte: las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño. No se trata de una alerta menor. La experiencia demuestra que cada episodio severo de este evento puede alterar la economía, afectar la infraestructura, comprometer la seguridad alimentaria y golpear duramente a miles de familias peruanas.
Las advertencias de los especialistas son preocupantes. Algunos estiman que, dependiendo de la intensidad del fenómeno, el impacto económico podría representar una reducción de entre 3% y 4% del Producto Bruto Interno. En un contexto donde la economía todavía enfrenta dificultades para recuperar dinamismo y millones de peruanos dependen de actividades vulnerables a los cambios climáticos, semejante escenario debería ser motivo de máxima atención por parte de las autoridades.
Este será uno de los primeros grandes desafíos que enfrentará el gobierno de la presidenta electa Keiko Fujimori. La experiencia demuestra que resulta mucho más económico prevenir que reconstruir. Cada sol invertido en reforzar defensas ribereñas, limpiar cauces, mejorar drenajes, proteger infraestructura crítica y fortalecer los sistemas de alerta temprana puede evitar pérdidas mucho mayores cuando ocurren los desastres.
El Niño no espera los tiempos de la política ni las ceremonias de transferencia de mando. Mientras se organiza el nuevo gobierno, el reloj climático sigue avanzando. Por ello, la transición debe incorporar con carácter prioritario una estrategia nacional de prevención y respuesta.
Diario Correo
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