Con brazos planos que pueden superar los 10 metros de longitud, la Stygiomedusa gigantea se ubica entre los cnidarios más grandes jamás documentados. Sin embargo, a pesar de su tamaño, sigue siendo uno de los animales menos comprendidos del mundo marino.
Registrada por primera vez en 1910, esta criatura fue vista en pocas ocasiones por seres humanos durante más de 100 años. Con solo 126 avistamientos en más de un siglo, habita en los rincones más profundos del mar y se ha ganado la fama de medusa fantasma, una presencia silenciosa que parece flotar fuera del tiempo en las regiones abisales.
Los investigadores del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) figuran entre los pocos científicos que han logrado filmar a esta especie mítica en más de una ocasión. Según describen, su forma de desplazarse es lenta y constante, como si cada movimiento estuviera cuidadosamente medido.
Los brazos de la medusa fantasma son su principal herramienta de caza. Foto: Schmidt Ocean Institute
La Stygiomedusa gigantea, conocida como medusa fantasma gigante, fue descubierta por primera vez en 1899 y desde entonces solo se ha visto alrededor de 100 veces. “Cada avistamiento es una oportunidad única para aprender más sobre un animal que probablemente ha existido durante millones de años sin apenas interacción con el ser humano”, señalan los expertos. A diferencia de la mayoría de las medusas, no posee células urticantes conocidas, un rasgo que desconcierta a los biólogos marinos y refuerza su carácter excepcional dentro del reino animal.
¿Cómo la medusa fantasma caza con sus brazos largos?
Las imágenes obtenidas mediante vehículos operados remotamente (ROV) han permitido confirmar sus rasgos más llamativos. Su cuerpo presenta una campana con forma de sombrilla que puede superar un metro de diámetro, de la cual emergen cuatro largos brazos planos que ondean lentamente en la oscuridad del abismo. La cabeza en forma de campana, la parte principal de su cuerpo, puede medir más de un metro. Estos brazos no funcionan como tentáculos convencionales: los científicos creen que los utiliza para envolver pequeños peces y crustáceos, atrapándolos con movimientos suaves pero eficaces. Su coloración —que varía entre marrón rojizo y tonos amarillo ocre— destaca de forma sorprendente contra el fondo negro del océano profundo.
Una vida sin prisas en el fondo del mar
La biología de esta medusa apunta a una existencia marcada por la lentitud, sin depredadores naturales conocidos ni comportamientos de huida. Su ritmo pausado sería una adaptación a un entorno donde la energía escasea y cada movimiento cuenta. Aunque tradicionalmente se situaba su hábitat entre los 1.000 y 3.000 metros de profundidad, observaciones recientes amplían ese rango y sugieren que puede aparecer mucho más cerca de la superficie en regiones frías determinadas.
Avistamientos inesperados en la Antártida
Un estudio publicado en Polar Research documentó varios encuentros con esta medusa en las costas de la península antártica, gracias al uso de sumergibles personales desplegados desde el buque de expedición Viking Octantis. “La Stygiomedusa gigantea fue observada entre los 80 y 280 m de profundidad en las costas de la península Antártica, gracias a estos vehículos de exploración científica oportunista”, explica el biólogo marino Daniel Moore. La investigación sugiere que estos sumergibles, originalmente diseñados para turismo de lujo, podrían convertirse en herramientas clave para la investigación científica en zonas remotas del planeta.
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