El delfín, uno de los sellos más característicos del narcotráfico en Perú. Peritos de la Dirección Antidrogas (Dirandro) hallaron un patrón común en dos decomisos recientes en Ica: los ‘ladrillos’ de cocaína incautados llevaban impreso el mismo logotipo, un delfín, y ambos cargamentos provenían del Vraem. Hasta hace algunos años, la Dirandro registró más de 200 tipos de marcas. Antes, estos sellos daban pista de la organización que la elaboraba y de la calidad del producto. El 21 de marzo, la policía detuvo en Ica a Freddy de la Cruz Olano, de 57 años, cuando conducía una camioneta Ford Escort, placa BRA 209, en la que se encontraron 21 kilos de cocaína en una caleta acondicionada en ambos estribos. La tarde del martes, agentes del Área Antidrogas (Areandro) de la Región Policial Ica arrestaron a Pedro Agapito Tineo Cruz (56), también en Ica, con más de 40 kilos de clorhidrato de cocaína. La carga, cotizada en US$1.200.000, estaba oculta en el vehículo Hyundai Z5A-380. En marzo cayó otro cargamento similar en esa región. La tarde del martes la Policía capturó en Ica a un mafioso que transportaba 40 kilos de cocaína con la marca del delfín. “¿Qué hay detrás de los sellos en los ‘ladrillos’ de cocaína?”, es la pregunta que surge ante estos operativos que revelan la persistencia de un mismo sello en diferentes envíos.

Fuentes oficiales de la Dirandro y del Frente Policial Vraem indican que el sello del delfín es uno de los más emblemáticos que sale del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) y que existen evidencias de su alta demanda en Europa. Hasta fines del 2019, este logotipo estaba vinculado al ‘Cartel del Golfo’, la organización criminal más antigua de México, según las mismas fuentes antidrogas. En la mayoría de incautaciones realizadas en Perú, esta marca corresponde a una cocaína de “altísima pureza”. El kilo de esta droga en el Vraem cuesta entre US$1.200 y US$1.500, pero al llegar a Europa su valor se multiplica por diez.

“Existen ‘muchas marcas’ de cocaína y en algunos casos también identifican a la persona que la elaboró, que es como otro sello respecto a la supuesta calidad”, refieren los informantes de La República. Como el delfín, hay una variedad de ‘marcas’ peruanas destinadas al mercado europeo. Tal como ha informado La República, los investigadores han identificado entre 120 y 140 logotipos con sellos mafiosos.

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Este sistema de marcas en los ‘ladrillos’ de cocaína es un secreto del negocio del narcotráfico, donde existe una pugna por el dominio del territorio y la lógica de los sellos se sostiene en esa rivalidad.

Los narcotraficantes utilizan una amplia variedad de dibujos y combinaciones de letras y números para marcar sus embarques de cocaína. Entre las siluetas más comunes se encuentran las de un puma, escorpión, caballo, hoja de trébol, tigre, mono, esvástica, tortuga, estrella, llama, un oso, la marca Perú y Coca Cola, además de las letras AG, Z, T, L, XM y XA. Estos sellos, lejos de servir para ocultar la droga, funcionan como una huella de control logístico y garantía de calidad para las organizaciones criminales internacionales. Su propósito principal es asegurar que el cargamento llegue intacto a su destinatario final o a los centros de acopio. Para los expertos antidrogas, estos logotipos son un arma de doble filo. Por un lado, permiten a los narcos identificar su mercadería, pero a la vez los incriminan en los procesos judiciales tras los decomisos. Como en un juego del gato y el ratón, los agentes tratan de seguirles la pista y descubrir sus rutas a través de estos distintivos. “Para evitar ser atrapados, han multiplicado los logos, siempre de manera aleatoria. Pueden elegir la silueta de un animal o la marca de una bebida. El logo no sigue una lógica”, sostiene un agente antidrogas del Frente Policial Vraem. larepublica.pe

En el mundo del narcotráfico, “todo tiene una señal”, y esa señal puede ser un delfín, un conejo playboy, un sol o hasta el nombre de Messi, grabados en los paquetes de clorhidrato de cocaína. Aunque los policías antinarcóticos ya no se sorprenden —lo consideran una práctica “habitual”—, el motivo detrás de estos sellos ha cambiado con el tiempo. La Dirandro explica que los narcotraficantes iniciaron esta dinámica hace años para identificar a la organización y la calidad del producto, una práctica que luego se replicó en Perú y Colombia. Antes, la unidad tenía un catálogo de más de 200 sellos. “Anteriormente, sí se hacía eso, pero después (los narcos) se percataron que nosotros nos hemos dado cuenta de los sellos y los cambian constantemente. Entonces, ahora solo lo hacen para marcar su droga”, relató un agente de la Dirandro. Un agente añade que cada señal puede servir como pista para una investigación, ayudando a identificar a la organización o a definir la ruta que ha seguido el producto.

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