Tras la polémica visita de Melissa Klug por el Café con la Chevez, el exitoso podcast de Trome recibe a un nuevo invitado: Christian Wagner, más conocido como el ‘Loco’ Wagner. El exconductor de TV se sentó a confesar los detalles de su vida, desde su infancia hasta su presente como youtuber, pasando por su amistad con Yaco Eskenazi, su romance con Tilsa Lúcar y su paso por la televisión.

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Wagner reveló cómo conoció a la madre de su única hija, admitió haber sido infiel en algún momento y habló sin filtros sobre su relación con las drogas. También recordó su entrañable amistad con Yaco Eskenazi y contó que la productora de Esto es Guerra no quería que lo invite a su boda, aunque finalmente compartió mesa con la ‘Culebra’ Carrillo y Jefferson Farfán. Además, se refirió a su infancia, cuando compartió salón con el dueño de Central, Virgilio Martínez, y a la relación con sus padres divorciados.

“Mira, creo que el apelativo, el apodo, se ha comido un poco el nombre. Entonces la gente me conoce como Loco. Mis amigos me llaman loco y de hecho en el barrio yo no era el Loco. Había otro loco, mucho más loco que yo y el Loco era ese Loco. Un amigo mío que hoy por hoy vive en Londres, le va muy bien, se llama Mario y era el Loco Mario y yo era La Bruja…”, contó Wagner sobre el origen de su apodo. “Sí, porque era flaco, tengo la nariz. Mira mi nariz, ¿no? Y con los pelos largos. Entonces mi chapa histórica en el barrio era La Bruja, después decantó a Loco. Pero Loco me lo pone un personaje que conocí en la televisión, un jefe que tuve en Media Networks. Inmediatamente apenas me vio me puso la chapa, me dijo tú vas a ser el Loco y me quedé con ese chaplín hasta el día de hoy”.

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

El ‘Loco’ Wagner recordó que de niño era completamente distinto a la persona extrovertida que es hoy. “De bien chibolo era súper tímido, pero muy tímido. Tan es así que me identifiqué como un chico diferente, porque no podía congeniar con otros chicos, no tenía skills sociales. Entonces no hablaba mucho con mis amigos del salón. Por ejemplo mis amigos del salón me conocían, pero yo no hablaba con ellos, era súper introvertido. Con el paso del tiempo me convertí en un ser súper sociable, no sé por qué cambié de un momento a otro…”, explicó. Ese cambio ocurrió, según dijo, en el tránsito de la niñez a la pubertad y de la pubertad a la adolescencia. “En ese tránsito cambié y me volví un tipo sociable. Extrañamente sociable, porque si lo comparas al loquito chiquito, el loquito chiquito tenía otro tipo de locura, era súper introvertido, ¿no? Y paraba mucho con mi vieja, mi mamá era como era mi única amiga y mis hermanas…”.

Wagner confesó que siempre odió el colegio y que estudió en cinco centros educativos distintos. Empezó en el Weberbauer, donde fue compañero de salón de Virgilio Martínez, el reconocido chef dueño de Central. “Él era también súper introvertido como yo. Nunca cruzamos palabra…”, recordó. Aunque hoy están en un chat de la promoción, Wagner se fue del colegio en primer grado de primaria. “En primer grado de primaria no la hacía, no podía lidiar con un colegio así de grande, era enorme, porque además era un colegio grande… Me comía, me sentía mal. No me adapté y era un colegio alemán y yo la verdad no sé qué condición tenía la verdad. Seguramente hoy en día algún psicólogo o algún especialista podría dilucidar cuál es la condición que tengo, con la que he nacido y con la que he vivido y he tratado de lidiar la vida como he podido. Pero nada en primer grado le dije a mi vieja no regreso más y me dijo bueno. Entonces me metieron a un colegio ruso…”.

Ese segundo colegio fue el Maxim Gorki, un centro soviético subvencionado por la Unión Soviética. “Era todo un desafío, porque era mucho más estricto y además si el alemán era difícil, imagínate el ruso”, dijo. Luego pasó por colegios que eran casas intervenidas convertidas en centros educativos, que albergaban a chicos con problemas de conducta o que habían sido expulsados de otros colegios. “Yo mismo decidía a qué colegio ir…”, aseguró. En esos colegios “sui generis” finalmente encontró su lugar. “Sí, ahí encajé. En esos colegios sui generis yo me sentía cómodo… Empecé a hacer amigos… Encontré a esa gente rara como yo e hicimos match…”. Pese a ser fuerte y alto, Wagner aseguró que nunca fue de peleas. “Me tenían respeto, porque yo era un chico fuerte y alto. Entonces con el resto de mis amigos no era un debilucho ni mucho menos, pero no era de pelear. Yo soy un tipo pacífico, no soy de agarrarme a golpes con nadie”.

“Yo prefiero navegar con bandera de cojudo. Es más, incluso antes que el diálogo, si yo veo que hay alguien que es intransigente, que no entiende razones, dejo que se desarrolle, trato de no meterme en su camino y me hago el huevón”, confiesa el Loco Wagner. Se define como extrovertido y su esposa, en cambio, es introvertida y tímida. “Creo que ahí hay un balance perfecto que nos ha ayudado a construir una relación de 16 años juntos”, dice. Y sentencia: “Sí, yo me saqué la lotería, ella me aguanta, me entiende”.

Su historia familiar también tiene matices. Viene de una familia separada: su madre se separó de su padre. Durante su primera infancia tuvo poco vínculo con él porque trabajaba en París. “Me acuerdo de las postales que me mandaba, hasta que regreso a Lima y ya pude tener más contacto con él. Pero era digamos un vínculo extraño no había compartido con él mucho. Ahora es mi amigo, es un tipo encantador, creo que es un tipo genial. Es muy culto, le tengo una gran admiración a mi viejo”, relata. Su padre tiene un gran sentido del humor, herencia de su abuelo, Alberto, quien fue embajador de Perú en Francia por muchos años. “Eso es lo que yo recuerdo de mi abuelo, que además no es que lo haya visto mucho, pero me acuerdo que tenía un sentido del humor finísimo. Yo creo que eso lo heredó mi viejo”, cuenta. Su padre es uno de ocho hermanos —uno falleció hace años—, por lo que tiene muchos primos, tíos y tías repartidos por el mundo.

Además, el Loco Wagner reveló en el programa de Magaly que es tataranieto de Miguel Grau. “Trataba de no alardear con eso, porque en verdad es ponerte la vaya muy alta. Ser pariente directo de Miguel Grau es cómo… vas a salir perdiendo si es que existiera una comparación con nuestro máximo héroe…”, reflexiona.

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

En el barrio, las generaciones estaban marcadas. Había una primera, la de los amigos de su hermana mayor; la suya, con Rodrigo Monroy y otros; y la siguiente, la de Yaco Eskenazi. “Yaco es mucho más chibolo que yo. Tiene 3 años menos que yo, creo…”, dice. Aunque el entrevistador bromea: “¿Mucho más chibolo con 3 años? No te pases Loco. Dime de 10 años, eso me parece bastante…”. Pero Wagner explica que Yaco “siempre fue un agrandado. Él quería ser como los grandes y entonces paraba en la esquina con los grandes y yo un poco que lo adopté, porque si no lo iban a lornear y lo protegí, lo volví mi protegido un poco. Además me caía bien, era un chibolo que venía del Callao. Tenía barrio, tenía todas las cremas como para ser un digno representante de nuestra generación, más que de la anterior, porque en su generación eran medio lornas todos y él se los llevaba encuentro a todos, era mosca”. La amistad fue tan estrecha que “Yaco terminó finalmente viviendo en mi casa, en la casa de mi mamá. Vivió ahí un buen tiempo”.

“Sí, es como mi hermano. Cuando hablo con él es como hablar con alguien de mi familia…”, afirma. Él es el menor de tres hermanos: dos mujeres y él. “Yo soy el último, yo soy el más chibolo, aunque ahora parezco el mayor. Pero yo era bien parecido a mi hermana Alice, entonces a mí la gente del barrio, la generación de Alice y de Susan, me decían Alicio, porque me parecía mucho a Alice. Mi hermana que es artista plástica, es una crack. Mis dos hermanas de hecho superan con creces todo lo que yo pueda haber hecho hasta ahora en mi carrera…”, reconoce.

En cuanto a sus talentos, no heredó la vena artística de sus hermanas. “No. Conmigo va la música y bueno ahora esto, que he descubierto con Yaco, que es una conversación honesta, sin filtros. A veces en la edición tenemos que sacar algunas cosas, que sería un despropósito dejarlas, nos podríamos meter en problemas y por eso es que yo le digo a la gente vayan al show…”, explica. En el show en vivo tienen licencias que no aparecen en YouTube. “Nada. Lo que pasa en Yaco y El Loco, se queda en Yaco y El loco, ese es uno de los mandamientos y después una serie de mandamientos que la gente entiende dentro del show. Entonces claro es una conversación súper frontal y honesta y los dos somos súper habladores y muy curiosos. Y claro hay una temporada de la vida en la que nos hemos dejado de ver mucho tiempo, cuando Yaco comienza a brillar en ‘Esto es Guerra’ y yo estoy en ‘La noche es mía’ nuestros caminos se bifurcan y todo…”, recuerda.

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

EL LOCO WAGNER Y EL MATRI DE YACO

Claro estaban en distintos canales…

Nos separamos. Sin embargo, cuando él se casa él me invita y creo que cuando él me invita la productora no estaba de acuerdo con que yo vaya, porque además yo hacía estupideces en ‘La noche es mía’…

¿Y pensaban que ibas a arruinar la boda?

Claro, es que no necesariamente era políticamente correcto y sobre todo invitar a alguien de otro canal, pues no sé, era raro, no le hacía sentido seguramente a la señora, ¿no?

Pero eras un amigo…

Sí claro y Yaco le dijo no, sí va. Menos mal yo fui con mi mujer que es mi cable a tierra, hizo que incluso me vaya temprano, porque además a mi mujer no le gusta está fufulla faradulera, no le gusta…

O sea, no hubo más de dos tragos…

No, una copa de vino por ahí. Nos sentamos en la mesa donde estaba Jefferson y Carrillo, que además yo los conocía, porque he hecho un programa de deportes mucho tiempo, entonces ahí yo conocí a Jefferson y a la Culebra…

Ay la Culebra, enculebrado está ahorita…

Bueno, en esa mesa estaban Jefferson, estaba la culebra Carrillo, estaba Rondón, Ricardo, estaba yo entonces era una mesa como bien tranqui, porque además mi esposa si lo es. Conocía a Jefferson, porque ella formaba parte del programa ‘Entre Titulares’. Es allí donde yo conozco a mi esposa…

CÓMO SE CONOCIERON EL LOCO WAGNER Y SU ESPOSA

Ah, ahí nace el romance…

Y además fue un amor a primera vista, por lo menos de mi lado…

Tú la viste y te deslumbraste…

Sí, me enamoré rápidamente de ella, ella no tanto de mí, pero nos hicimos grandes amigos…

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

EL LOCO WAGNER FUE INFIEL

¿Tú no has sido infiel, no Loco?

Yo sí he sido infiel…

¿Casado?

Casado no… Sí y ahí no he sido infiel. He respetado a rajatabla y al pie de la letra todos los acuerdos. Pero yo sí he sido infiel. De hecho cuando yo conozco a la que ahora es mi esposa, yo estaba en una relación, pero no pasó nada. Yo me enamoré genuinamente, me deslumbré y fui donde la persona, además yo vivía con la otra persona y se lo tuve que decir…

Fuiste honesto…

Fue durísimo. Después yo dije creo que hubiera sido mejor una mentira piadosa, porque me parece que la perjudique en su autoestima, golpee mucho su ego, menoscabe su parte emocional. Siento que la destruí y eso no está bueno. El golpe fue durísimo para ella. Ahora es mi amiga, yo le tengo mucho cariño, pero ya mirando en retrospectiva, si pudiera retroceder el tiempo creo que hubiera actuado de otra manera…

¿Y ella está casada, tiene pareja?

Ella tiene pareja, le va muy bien, es una crack. Es más creo que fue una gran ventaja que se aleje de mí…

Acá estuvo Gianni Cossío y dijo que Yaco era una joyita…

Ha sido travieso. Es encantador además, Yaco tiene ángel…

En esa etapa que estaban chibolos, creo que Tilsa una vez dijo que tuvieron un romance, ¿fue en esa etapa dónde ellos vivían ahí en San Isidro?

Sí claro, éramos unas criaturas. Hasta yo era una criatura…

¿Qué edad tendrían 10, 11?

No. Yo tendría 18 años, 15 Yaco y Tilsa era una niña, 14 y era flaquita. Paraba con sus amigas, era simpatiquísima. Tilsa es mi amiga, mi amiga del barrio además y ella conserva amistades hasta el día de hoy del barrio, paraba con Camila de arriba abajo…

Y cuando tú vas a su casa, compartes con Yaco, con Natalie, ¿Natalie qué te dice?

Al principio Natalie estaba un poco palteada por las cosas que podíamos contar, pero hoy por hoy ya no solamente Natalie, sino toda la gente que nos ve, entiende nuestro código. Son historias que nos han ocurrido, historias que a veces nosotros maquillamos, no porque queramos maquillarlas, sino porque como ambos tenemos a veces vagos recuerdos de algunas cosas.

A ver, de las que podamos contar, esas travesuras que tú y Yaco hicieron alguna vez, ¿cuál ha sido la más traviesa?

¿Traviesa, que se pueda contar? Yaco alguna vez ha contado, nosotros cuando íbamos a una fiesta, a una discoteca. Yaco siempre ha sido guapo, lo que pasa es que ahora es musculoso, antes era flaquito y yo siempre he sido así un tipo flaco, desgarbado, muy mal vestido siempre. Entonces cada vez que gileábamos, Yaco era el que daba el primer paso. Entonces habían dos chicas, Yaco se acercaba. Las chicas volteaban, las chicas se interesaban y entonces ahí entraba yo y les decía chicas, nosotros somos hermanos, él se llevó toda la pepa, pero yo tengo algo que él no tiene. Tengo un pené muy grande…

Ay no, ¿de verdad decías eso?

Sí y entonces las chicas decían ajá, tengo belleza de un lado y un placer inminente en el otro lado. Ese tipo de estupideces por ejemplo, lo hacíamos y lo decía de tal manera, muy diplomático. Causaba sin duda alguna sorpresa y hasta oye, mira qué bien lo ha dicho…

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

EL LOCO WAGNER ES SOCIO DEL HIJO DE NICOLÁS LÚCAR

Y tu chamba es lo de las redes, la TV y aparte también tienes una productora…

Yo tengo una agencia una agencia que se llama Mula Plateada. Esa agencia la tengo con mi socio, Nicolás Lucar junior, cantante de ‘La Mente’, creador de ‘Cuchillazo’, ya no toca en ‘Cuchillazo’, pero digamos él fue el gestor de la banda. Él es mi hermano del alma, él ha vivido también en mi casa…

Wagner cuenta que su hija Guinea —nombre de un país africano— es una de las personas más importantes en su vida. “Yo le cuento todo a mi hija, procuro contarle todo. Mi hija se divierte conmigo”, dice. La describe como una “caja de sorpresas” porque le relata sin tapujos ni vergüenza las locuras que hizo de joven. “Yo no sé si ella está dispuesta a replicar la vida que yo he tenido, espero que no, pero se intriga y creo que se sorprende. Cualquiera se sorprendería, ¿no?”. Añade que su esposa también ha sido bien aventurera. Reconoce que puede sonar cliché o huachafo, pero asegura: “Ella le dio sentido a mi vida, un sentido mucho más real a mi vida, porque uno cuando no tiene hijos… es como cuando tú quieres lograr algo por alguien, es mucho más bonito”. En los videos que hace con ella se les ve cocinando e inventando juntos, mostrando una complicidad que él valora profundamente.

Cuando se le pregunta sobre su muerte, Wagner tiene una idea peculiar: “Yo cuando me muera no quiero que me incineren, me gustaría que me entierren con un árbol encima mío y yo convertirme en ese árbol, yo ser el alimento de un árbol y hay un servicio que es así”. Al preguntarle qué clase de árbol le gustaría ser, responde sin dudar: “Yo quisiera ser un plantón de marihuana, de ponzoña… Claro o un floripondio…”. Explica que el floripondio es más fuerte que la marihuana, “primo hermano de la amapola y de la amapola sale la morfina y la heroína. Entonces cuando tú extraes el látex del floripondio, ojo no hagan esto chicos en casa, hay gente que lo consume como un alucinógeno poderosísimo”. Sin embargo, aclara: “Yo no soy de alucinógenos, no me gustan los alucinógenos, es más la marihuana me cae mal, muy mal siempre. A mí más me gustan los estimulantes”.

Sobre su capacidad de control, admite que no sabe hacerlo. “Tengo personalidad adictiva y ya conozco mis límites, conozco mi cuerpo, conozco mi mente. Ya a los 50 años me conozco perfectamente y sé que puedo y que no puedo. Hay gente que no conoce esos límites…”

En cuanto al matrimonio, lo define como “un compromiso maravilloso. A mí me gusta la vida de a dos, es bonita…”. Pero cuando se trata de la ceremonia formal —civil o iglesia—, es tajante: “No, no. Eso no me gusta…”. Explica que la ley actual trata al conviviente de muchos años como si fuera un matrimonio, y que con su mujer tienen un compromiso firmado entre ellos dos, se dicen esposos sin haber firmado nada. Además, confiesa: “Yo tengo miedo de firmar algo y meterla en algún problema, en un problema legal… Hay que tener cuidado con lo que uno firma…”. Al escuchar esto, la entrevistadora le señala que Tilsa —su expareja— ha dicho algo similar hace poco.

Antes de eso, Wagner había relatado cómo era su vida en la casa de su madre. “Es que mi vieja dividió la casa en varios espacios para alquilarlos, para poder subsistir. Entonces Nicolás se mudó conmigo. Él también es otro hermano que tengo. Es mi socio, es un tipo súper creativo, es un pata sumamente inteligente y nos hemos juntado creo que dos cabezas lúcidas para hacer este proyecto y nos va muy bien. A la agencia le va muy bien, llevamos cuentas importantes. Yo tengo que verme a veces con los clientes, tengo que comportarme”.

También recordó sus épocas de juerga. Su máxima juerga duró cuatro días seguidos, durmiendo, en Cusco. “Era bravo. Nos íbamos todo el barrio completo o digamos, los ejemplares más representativos del barrio, nos íbamos a Cusco. Era una juerga que no paraba nunca. Ahora se ha agringado la juerga cusqueña, que antes para el limeño era una juerga interminable, con un desenfreno que te permitía juerguearte varios días seguidos. Ahora ya no es tanto”.

En ese mismo viaje, hizo el Camino Inca con sus hermanas Susan y Alice, con Nicolás chibolo y con el loco Mario, un amigo. “No teníamos idea de cómo era. No teníamos mochila, llevamos sacos con ropa y llevamos un huevo de latas de atún. Llevamos una guitarra para tocar guitarra. El primer día teníamos que acampar, rompimos la guitarra, la hicimos fogata, la hicimos leña. Tuvimos que botar latas de atún en el camino, porque pesaban una tonelada. Mis hermanas llorando. Fue una tragedia y no habíamos llevado agua ni siquiera una botella de agua. Entonces claro el primer tramo que es como a 4 mil metros…”. Él mismo describe que estaban “al borde de la muerte”. Tenía 17 años, era un chico joven con mucho vigor. “Me agarras ahora así y me muero, no la cuento. Pudimos tomar agua recién cuando bajamos el primer abra, de manantial. Nos costó cara la aventura y el desconocimiento qué implicaba esa aventura, ¿no?”.

Loco Wagner en el Café con la Chevez. Foto: Antonio Melgarejo | @Photo.Gec

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