El 12 de junio, SpaceX (SPCX) debutó en Wall Street con un precio inicial de US$ 135 por acción, que al cierre de esta nota ya supera los US$ 160. La oferta pública inicial (IPO) de la empresa de Elon Musk se estimó entre US$ 75,000 millones y US$ 85,700 millones, marcando un récord y un punto de inflexión para los mercados: la industria espacial se posiciona como una nueva apuesta de inversión global. La firma logró una valorización cercana a US$ 2.1 billones, y Musk, una fortuna de US$ 1.4 billones que lo convirtió en el primer trillonario de la historia.
El lanzamiento de SpaceX irrumpe en la hegemonía bursátil de gigantes tecnológicos como Amazon, Apple, Meta, Google y Nvidia, y fija un nuevo paradigma: la infraestructura espacial como negocio en plena euforia por la inteligencia artificial y la automatización.
Musk fundó SpaceX en marzo del 2002 con un capital superior a los US$ 100 millones que recibió tras vender PayPal. Ya para marzo del 2006 concretó el sueño del primer lanzamiento del Falcon 1, pero fracasó. Con los recursos que le quedaban, en setiembre del 2008, el cuarto cohete de la línea Falcon 1 alcanzó la órbita, colocándolo como el primer dispositivo líquido de una firma privada que lo lograba.
La NASA le entregó a SpaceX un contrato de más de US$ 1,600 millones para transportar carga a la Estación Espacial Internacional. En diciembre del 2015 vino el hito que redefine el mercado espacial: la reutilización de cohetes; el Falcon 9 regresó a la Tierra y aterrizó verticalmente tras depositar combustible en el espacio.
SpaceX lidera un sector aeroespacial aún poco explorado por los mercados de capitales. Para Jimmy Astocóndor, profesor de Pacífico Business School, la empresa se distingue por sus cohetes reutilizables, como Starship, y por Starlink —cuyo lanzamiento comenzó en 2019—, que ofrece conectividad prácticamente global. “Se convirtió en una de las empresas líderes del sector aeroespacial. Lo que la hace diferente (a SpaceX) son sus cohetes reutilizables, como Starship, y el desarrollo de Starlink —cuyo lanzamiento comenzó en 2019—, que permite conectividad prácticamente en cualquier parte del mundo”, comenta a Gestión. Añade que “el espacio ha dejado de ser únicamente terreno de investigación científica”.
Andrés Escalante, director de Administración de Banca y Finanzas de la UPC, considera que el debut bursátil de SpaceX funciona como un catalizador de confianza. Esto fijaría pautas para que otras grandes tecnológicas evalúen sus propias salidas a bolsa, pues las IPO de megacompañías “se habían aletargado en los últimos años”. Además, anticipa que SPCX impactará en sectores consolidados: Starlink ya desafía a las firmas de telecomunicaciones, obligándolas a asociarse con SpaceX para conectividad rural o roaming global; en defensa y espacio, las empresas deberán repensar sus operaciones con lanzamientos satelitales, “porque competir con cohetes reusables, como los de SpaceX, sería imposible”.
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A criterio de Escalante, no es posible ni prudente valorizar a SpaceX con múltiplos de flujo de caja tradicionales para ganancias a corto plazo. La razón es su naturaleza altamente volátil y sus planes a largo plazo, como la colonización de Marte, constelaciones masivas de Starlink V3 y megacentros de IA. Por ello, Wall Street está forzada a valorizar “economías de escala orbitales” y la dominancia de monopolios de infraestructura crítica a 10 o 20 años, similar a cómo se valorizó a Amazon a finales de los 1990. SpaceX ha desarrollado tecnologías —como Starlink— con aplicaciones comerciales que justifican el interés de inversionistas institucionales y minoristas, dándole potencial financiero por su presencia en minería y telecomunicaciones.
Para el analista Senior de Research en Renta4 SAB, César Huimán, la acción de SpaceX tiene una cotización exigente, por lo que recomienda incluirla en una cartera diversificada y con un horizonte de largo plazo. “La compañía combina espacio, conectividad e inteligencia artificial en un solo negocio; además, el mercado especula que Tesla podría ser absorbida, fusión que podría ser bienvenida por el mercado”, apunta. Según Huimán, la llegada de SpaceX a Wall Street seguirá atrayendo flujos de inversión que antes se dirigían a grandes tecnológicas y empresas de telecomunicaciones. Por su parte, Astocóndor explica que comprar acciones directamente implica asumir toda la volatilidad de la empresa, mientras que hacerlo mediante fondos cotizados (ETF) permite distribuir el riesgo entre varias compañías del sector. “SpaceX es una acción especulativa y de alta volatilidad; está pensada para inversionistas de largo plazo”, concluye.
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