Una galaxia con cuatro brazos espirales
La Vía Láctea posee dos brazos principales (Escudo-Centauro y Perseo) y dos brazos secundarios prominentes (Norma y Sagitario). A estos se suma el brazo de Orión, un ramal secundario ubicado entre Sagitario y Perseo, donde se encuentra nuestro sistema solar. Estas estructuras son zonas de gran concentración de gas y materia estelar con tonos más azulados que el resto del disco, lo que indica que las estrellas que los componen son extremadamente masivas y muy jóvenes, quemando su gran reserva de combustible nuclear a un ritmo acelerado. Como consecuencia, los brazos espirales están asociados a regiones activas donde se están formando continuamente estrellas.
Los ecos de tres intensas explosiones extragalácticas
La clave para medir el tamaño real de la galaxia estuvo en el estudio de las ondas de rayos X que rebotaron en las nubes de polvo situadas en los brazos espirales más externos. Esta radiación tan intensa proviene del exterior de la Vía Láctea y tiene su origen en fenómenos extremadamente violentos, como el colapso de estrellas masivas o la fusión de estrellas de neutrones, conocidos como “estallidos de rayos gamma” o GRB por sus siglas en inglés. Los ecos de rayos X tienen estructura de anillo y sus diámetros, observados por el telescopio espacial Chandra, permiten determinar la distancia a la Tierra. Así, los anillos de mayor tamaño corresponden a nubes de polvo más cercanas a nosotros.
Un tamaño mayor del que ya conocíamos
Al analizar tres estallidos de rayos gamma, los investigadores calcularon las distancias a tres brazos espirales de la Vía Láctea: en orden de distancia creciente desde el centro galáctico, el brazo de Perseo, el brazo exterior y el brazo exterior de Escudo-Centauro. Este método reveló que la Vía Láctea es más extensa de lo que se creía, ampliando los límites previamente establecidos de nuestra galaxia.
Los astrónomos detectaron, en la dirección de uno de los GRBs, que tanto el brazo exterior como el brazo exterior de Escudo-Centauro se ubican aproximadamente un 10 % más lejos de lo que se estimaba hasta ahora. No obstante, pese a que esta novedosa técnica elevó la precisión en la medición del tamaño de nuestra galaxia, no podrá aplicarse de forma sistemática en futuras mediciones. El inconveniente es que los estallidos de rayos gamma intensos que son visibles a través del plano galáctico ocurren con muy poca frecuencia; sin ellos, el estudio de los ecos de rayos X resulta imposible.
A pesar de esta limitación, el conocimiento sobre la Vía Láctea continuará expandiéndose en los próximos años. Serán clave no solo los datos cada vez más detallados del observatorio Gaia, sino también la futura contribución de NewAthena, el observatorio de rayos X de nueva generación de la ESA, que permitirá a los científicos explorar ecos de rayos X mucho más tenues en las regiones periféricas de la galaxia.
Óscar del Barco Novillo, Profesor Ayudante Doctor. Departamento de Física (área de Astronomía y Astrofísica), Universidad de Murcia
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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