Rolando Arellano Cueva

Cuando se habla de la migración de peruanos, la mirada suele ser triste, centrada en quien se va. Sin embargo, es necesario, paisana, paisano, darle un enfoque positivo a un fenómeno que ya es parte de la vida cotidiana a nivel global. La migración internacional crece año tras año: más de 280 millones de personas viven actualmente en un país distinto al que nacieron. El Perú no es la excepción.

Se sabe que más de 3 millones de peruanos residen hoy fuera del país. Pero no hay que verlos como una cifra fría, sino como las personas que conocemos. Usted, paisana, por ejemplo, con toda probabilidad tiene un hijo, una hija, un sobrino, una prima, un hermano o un amigo viviendo en el extranjero. Tal vez en Estados Unidos, España, Chile, Argentina, Italia o Japón. No son extraños: son personas de carne y hueso que siguen siendo parte de nuestras familias y de nuestra historia.

A menudo se dice de ellos como si hubieran dejado de ser peruanos, pero ocurre exactamente lo contrario. Gracias a internet, hoy conversan a diario con sus familias, siguen las noticias nacionales, participan en reuniones virtuales y celebran desde lejos nuestras fiestas y tradiciones. Algunos están incluso más informados sobre lo que ocurre en el país que muchos de los que vivimos aquí. Además, realizan un aporte enorme a la economía peruana.

Las remesas que los peruanos envían cada año desde el exterior suman 5 000 millones de dólares, recursos que sus familias destinan a educación, salud, vivienda y al crecimiento de pequeños emprendimientos. Este flujo constante ha llevado a varios países latinoamericanos a revalorar a sus emigrantes. México, por ejemplo, adoptó el lema “Pásele paisano” porque los considera un pilar de su desarrollo. Allí entendieron que los migrantes no representan una pérdida, sino un puente. Y es cierto: nuestros compatriotas son ese enlace entre el Perú y el mundo. Nos acercan a nuevas oportunidades, ideas, mercados y formas de hacer las cosas. Además, son grandes consumidores de productos peruanos en el exterior —panetón, king kong, chocolate, cerveza—, manteniendo vivas nuestras costumbres y cultura. Frente a esto, cabe preguntarnos: ¿qué podemos hacer, paisano, paisana, para dejar de verlos como ciudadanos que se fueron y empezar a verlos como paisanos que ampliaron el territorio del país? Y aquí también va un mensaje para nuestros paisanos que nos escuchan o nos ven desde fuera: ¿cómo pueden ustedes potenciar y hacer más evidente y útil su aporte a este país que sigue siendo suyo? La salud mental en los penales: componente clave para la reinserción social

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