Te acostaste temprano con la intención de levantarte lleno de energía, pero cuando suena la alarma el cuerpo duele, la pesadez no se va y los ojos se cierran una y otra vez. La sensación de no haber descansado pese a haber dormido toda la noche tiene explicaciones médicas que van más allá de un mal colchón.
La neuróloga Jessica Mateo señala que detrás de ese agotamiento matutino pueden esconderse trastornos metabólicos, hipertensión, problemas de tiroides y otras afecciones que, si no están controladas, afectan directamente la calidad del sueño. El consumo de ciertos medicamentos, los hábitos nocivos como fumar o beber alcohol en exceso, y el estrés crónico también figuran entre los factores de riesgo.
Dejar pasar estas señales no solo perjudica la productividad del día siguiente, sino que repercute en el estilo de vida a largo plazo. “Se pueden presentar problemas cognitivos, de olvido, déficit de atención y una mayor afectación emocional”, advierte la especialista.
HIGIENE DEL SUEÑO
Para evitar interrupciones durante el descanso, la neuróloga recomienda mantener un horario fijo para dormir y despertar, limitar el uso de pantallas antes de acostarse y evitar alimentos grasosos que dificulten la digestión. “Así como el cuerpo necesita recuperarse, el cerebro también lo requiere y lo hace a través del sueño”, explica Mateo.
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