Daron Acemoglu, catedrático del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y coautor del bestseller del New York Times “Por qué fracasan las naciones”, se ha convertido en una de las voces más críticas contra el frenesí actual de la inteligencia artificial. Para el economista, la incesante exageración en torno a esta tecnología alimenta un auge de inversión y un furioso repunte de las acciones tecnológicas, pero las expectativas son desmedidas.

Acemoglu calcula que solo un pequeño porcentaje de todos los empleos —un mero 5%— sería asumido, o al menos en gran parte asistido, por la IA en la próxima década. Si bien esto podría ser una buena noticia para los trabajadores, resulta muy mala para las empresas que invierten miles de millones esperando un aumento masivo de la productividad. “Se va a malgastar mucho dinero”, afirma el catedrático, quien agrega: “No se va a conseguir una revolución económica con ese 5%”.

La IA y la llegada de nuevas tecnologías han ocupado un lugar destacado en la obra económica de Acemoglu durante años. Su postura, que lo hace parecer un eterno fatalista sobre los peligros económicos y financieros que se avecinan, contrasta con el optimismo del mercado. El académico sostiene que, por muy prometedora que sea la IA, hay pocas probabilidades de que esté a la altura de las expectativas.

Acciones de empresas relacionadas a IA suben.

Tres escenarios

Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia —empresa que se ha convertido en sinónimo del auge de la IA—, ha pronosticado que la creciente demanda de esta tecnología por parte de empresas y gobiernos requerirá un gasto de hasta US$ 1 billón para actualizar los equipos de los centros de datos en los próximos años. Frente a las posturas optimistas que aseguran que la IA permitirá automatizar gran parte de las tareas laborales y desencadenará una nueva era de avances médicos y científicos, el escepticismo ha comenzado a aumentar. Esto se debe, en parte, a que las inversiones en IA han hecho subir los costos mucho más rápido que los ingresos en compañías como Microsoft y Amazon. Aun así, la mayoría de los inversionistas sigue dispuesto a pagar elevadas primas por estas acciones para subirse a la ola de la IA.

(De izq. a der.) El periodista de CNN Richard Quest, la directora gerente del FMI Kristalina Georgieva, el profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Daron Acemoglu y el presidente del Grupo Eurasia Ian Bremmer participan en un "Debate sobre la economía global" durante las reuniones de primavera del FMI y el Grupo del Banco Mundial en la sede del FMI en Washington, DC, el 18 de abril de 2024. (Foto de Mandel NGAN / AFP)

Daron Acemoglu, catedrático del MIT, prevé tres posibles escenarios para el desarrollo de la IA en los próximos años. El primero, y el más benigno, contempla que la exageración se enfríe gradualmente y que se afiancen las inversiones en usos “modestos” de la tecnología. En el segundo escenario, el frenesí continuaría durante un año más o menos hasta que se produzca una caída de las acciones tecnológicas que desilusione a inversionistas, ejecutivos y estudiantes. Es lo que él llama “la primavera de la inteligencia artificial seguida del invierno de la inteligencia artificial”. El tercer escenario, el más aterrador, es que la manía no se controle durante años. Esto llevaría a las empresas a recortar decenas de puestos de trabajo y a invertir cientos de miles de millones de dólares en IA “sin saber qué van a hacer con ella”, solo para tener que luchar por recontratar a los trabajadores cuando la tecnología no funcione. En ese caso habría “resultados negativos generalizados para toda la economía”.

Según Acemoglu, el escenario más probable es una combinación del segundo y el tercero. En las direcciones empresariales predomina el temor a quedarse fuera del auge de la IA, lo que impide anticipar que el frenesí pierda fuerza pronto. “Cuando el entusiasmo se intensifica, es poco probable que la caída sea suave”, sostiene. Las cifras del segundo trimestre reflejan la magnitud del delirio en el gasto: solo cuatro compañías —Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta Platforms— destinaron más de US$ 50,000 millones a gastos de capital, en gran parte orientados a la IA.

El catedrático del MIT reconoce que los grandes modelos lingüísticos actuales, como ChatGPT de OpenAI, son impresionantes en muchos aspectos. Sin embargo, señala que no pueden reemplazar a los humanos ni asistirlos de manera significativa en la mayoría de los trabajos debido a problemas de fiabilidad y a la ausencia de sabiduría o juicio humanos. Por eso, considera poco probable que a corto plazo la gente subcontrate a la IA para tareas de oficina. Tampoco podrá automatizar oficios físicos como la construcción o la limpieza.

Se necesita información muy fiable o la capacidad de estos modelos para ejecutar fielmente ciertos pasos que antes hacían los trabajadores”, afirma Acemoglu. “Pueden hacerlo en algunos lugares con cierta supervisión humana” —como en la codificación— “pero en la mayoría no pueden”.

“Es una constatación de dónde estamos ahora mismo”, afirmó el catedrático bestseller del MIT, quien sostiene que la IA solo puede realizar el 5% de los trabajos actuales.

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