El hallazgo de una variedad de cereza adaptada al país podría dinamizar, a largo plazo, el circuito de exportación de esta fruta hacia los mercados internacionales. En ese contexto, China cobra una relevancia especial. A continuación, los motivos.

Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), señaló que la cereza es un cultivo que lleva al menos diez años como pendiente en la agenda agrícola. “Hay varias empresas que en su proceso de diversificación están probando, en zonas aparentes para la cereza, variedades que puedan adaptarse. Algunas en Arequipa, Huancavelica, la frontera con Ica, pero en la zona más de sierra. Se necesitan condiciones especiales de luz y de temperatura”, explicó. Y adelantó a Gestión: “Estoy seguro de que el próximo año tendremos la buena noticia de haber encontrado la variedad adecuada. Se está trabajando para ello”.

Por su parte, César Romero, especialista de la Dirección de Estudios Económicos de la Dirección General de Políticas Agrarias del Midagri, reforzó la premisa, pero precisó un dato: “Se estima que la primera cosecha podría darse en el 2026, aunque para consolidar su volumen de carácter comercial van a pasar más o menos entre 7 y 10 años”. Además, enumeró otras zonas actuales de prueba: Huaraz, Huancayo y Ayacucho.

Romero explicó que los cerezos acondicionados genéticamente para la agroexportación tardan entre 3 y 5 años en dar fruto, mientras que los cultivados desde semilla demoran de 7 a 10 años. Sobre los desafíos del proceso, el especialista señaló que “una vez que se identifique la variedad, se tiene que empezar a desarrollar el cultivo y ver su rendimiento. [...] Luego hay que firmar protocolos fitosanitarios para poder acceder, si es un producto fresco, a los mercados de destino, con certificaciones de calidad e inocuidad”. Además, detalló por qué las investigaciones han avanzado lentamente durante una década: “Posiblemente, por exceso de calor, una variedad que es tan sensible que se malogra; la floración es muy limitada, entonces su rendimiento cae. O sus tamaños no son lo suficientemente grandes, aceptables, técnicamente hablando, para los estándares internacionales”.

Romero también comparó la cereza con otros productos de piel suave: “La cereza actúa diferente al arándano, que se ha adecuado muy bien, al igual que la frambuesa y la fresa. La cereza es mucho más delicada”.

Encontrar la variedad de cereza adecuada para las tierras de Perú es solo el primer paso de todo un circuito agroexportador. (Foto: Pexels)

Mercado chino

En cuanto al mercado de destino, Amaro subrayó que “el principal comprador de cereza es China”. Para este año, se estima que el gigante asiático alcance un récord histórico de 600,000 toneladas. Su principal proveedor es Chile, que envía el 91% de su producción.

El acceso al mercado chino es clave, pero el vocero de AGAP advierte que la investigación científica no puede detenerse: “Además de todo, necesitamos adquirir más variedades de material genético”. Aunque ya se han enviado pequeños volúmenes de cereza a China, Romero aclaró que “todavía no podemos hablar seriamente de una industria de la cereza”. El camino comercial, sin embargo, ya está en marcha.

Perú podría competir si apunta a nutrir el factor calidad que exigen los estándares internacionales. “Teniendo el producto, necesitamos abrir el mercado. Si abrir el mercado demora años, va a demorar años desarrollar el cultivo”, señaló el especialista. En cambio, si las autoridades realizan su labor técnica junto a los productores y, además, gestionan la diplomacia con otros países, “puede ser muy rápido el acceso al mercado de la cereza.

Para acelerar ese proceso, Perú cuenta con la ventana de conectividad que ofrece el megapuerto de Chancay. Por esa vía, un producto puede tardar entre 21 y 23 días en llegar, cuando antes de su inauguración la travesía tomaba de 33 a 40 días.

¿Por qué China es un mercado destino atractivo para la cereza peruana? (Foto: Pexels)

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