Katy Luna lleva 39 años dedicados a la educación especial

Con 39 años de trayectoria en la educación especial y a punto de jubilarse, la maestra peruana Katy Luna afirma que, si volviera a nacer, elegiría de nuevo esta profesión. Su vocación nació al crecer con dos hermanos con síndrome de Down, a quienes acompañó con paciencia, respeto y compromiso. Esa experiencia la motivó a dedicarse a la enseñanza de niños y jóvenes con discapacidad, convencida de que todos tienen la capacidad de aprender.

Actualmente, Luna es docente del Centro de Educación Básica Especial (CEBE) 08 Perú-Holanda. A lo largo de su carrera, reconoce que cada niño fue un reto diferente que le dejó una enseñanza sobre la paciencia, la perseverancia y la esperanza. Ahora, al borde del retiro, comparte sus reflexiones sobre el camino recorrido y los aprendizajes que obtuvo al acompañar a personas con discapacidad.

“Cada niño fue un reto diferente que me dejó una enseñanza sobre la paciencia, la perseverancia y la esperanza”, señala la docente, quien asegura que su labor la ha llenado de satisfacciones. La historia de Katy Luna es un testimonio de dedicación y amor por la enseñanza, demostrando que la educación inclusiva puede cambiar vidas.

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Con casi cuatro décadas de servicio, Katy Luna ha comprobado que enseñar va más allá de explicar una lección. Su trabajo, dijo, es particular porque no termina cuando culminan las clases, como ocurre en la educación regular. Tras ello, inicia una labor igual de importante: reunirse con las familias de sus alumnos, coordinar con médicos, terapeutas y especialistas para que sus estudiantes sean cada día más autónomos y felices. "Muchas veces significa descubrir cómo comunicarse con un estudiante que no habla, interpretar una mirada, una sonrisa o un pequeño gesto", indicó. Con ese objetivo, aprendió lengua de señas y mantuvo una formación permanente a lo largo de su carrera.

Ese compromiso se refleja en los talleres de tránsito a la vida adulta. En quinto y sexto grado, los estudiantes elaboran kekes, los venden en ferias y aprenden a administrar el dinero que obtienen. Son pequeños pasos que los preparan para desenvolverse cuando dejen la escuela. “Verlos salir adelante es el mejor premio que puede recibir un maestro”, señaló la docente, quien desde hace 39 años forma a niños y adolescentes con discapacidad en el Perú.

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