La decisión de la FIFA de suspender la sanción impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun, después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, interviniera en el caso, generó una fuerte reacción en el fútbol europeo. La Confederación Europea de Fútbol (UEFA) fue una de las primeras en manifestar su rechazo y advirtió que se ha cruzado “una línea roja” al alterar una sanción disciplinaria mientras el torneo aún se desarrolla.

El presidente de la UEFA, el esloveno Aleksander Ceferin, emitió un comunicado oficial en el que expresó su preocupación por el impacto de esta medida en la credibilidad del Mundial 2026. “El fútbol, como cualquier otro deporte, reposa sobre reglas que son el fundamento de una competición justa, honesta y transparente. A veces, las reglas están sujetas a interpretación. Concretamente este no es el caso”, afirmó.

Ceferin agregó que la seguridad jurídica de las reglas ya no está garantizada por quienes tienen la responsabilidad de protegerlas y sostuvo que la integridad del deporte y la credibilidad de la competición quedan comprometidas. Además, advirtió que una decisión de esta naturaleza obliga a tratar de la misma manera futuros casos similares durante el torneo. Diversos dirigentes internacionales también expresaron su inquietud por el precedente que sienta esta resolución.

Mientras el Mundial 2026 sigue en desarrollo, la polémica por el levantamiento de la sanción a Balogun no cesa. Sepp Blatter, expresidente de la FIFA durante 17 años, criticó duramente a su sucesor, Gianni Infantino, por ceder ante presiones políticas. “Si un presidente de Estados Unidos interviene ante el presidente de la FIFA y un jugador queda de repente absuelto antes de un partido de eliminación directa de un Mundial, la pregunta es inevitable: ¿A dónde vas, FIFA?”, declaró Blatter, de 90 años, lamentando la influencia externa en una decisión deportiva.

Desde Italia, el nuevo presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Giovanni Malagò, se sumó al cuestionamiento. Malagò calificó la resolución como absurda y señaló que debilita la independencia de los órganos disciplinarios del fútbol internacional. “Es inútil buscar excusas, esta decisión tiene un evidente aroma político; así también lo ha escrito el New York Times. Objetivamente es un precedente extremadamente peligroso, un precedente político extremadamente peligroso”, afirmó, exigiendo explicaciones a la FIFA por un fallo que, a su juicio, sienta un precedente alarmante para el futuro del deporte.

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