En el marco del Día Mundial de la Alergia, que se conmemora cada 8 de julio, la atención se centra en un problema de salud creciente. En el Perú, según EsSalud, entre el 20% y el 30% de la población ya padece algún tipo de alergia, y se proyecta que hacia el 2050 esta cifra podría alcanzar hasta el 50% de los peruanos. Dentro de este escenario, las alergias alimentarias representan una preocupación particular: cerca del 6% de los niños menores de tres años las presenta, mientras que en adultos peruanos la prevalencia oscila entre el 3% y el 4%.

La ciencia apunta cada vez más al intestino como un actor clave en este fenómeno. La microbiota intestinal, ese ecosistema compuesto por billones de microorganismos que habitan el sistema digestivo, juega un rol fundamental en la maduración del sistema inmunitario, especialmente durante los primeros años de vida. Cuando este equilibrio se rompe —un proceso conocido como disbiosis—, el sistema inmune puede volverse hipersensible y reaccionar de forma desmedida ante alimentos que normalmente serían inofensivos.

La relación entre la microbiota y las alergias alimentarias es uno de los campos más novedosos y prometedores de la nutrición clínica. Lo que comemos en los primeros años de vida, y también durante el embarazo, puede marcar la diferencia en cómo responde el sistema inmune ante los alimentos”, explica María Chirinos, nutricionista clínica y fundadora de Wellnessy Nutrición.

Factores que pueden alterar la microbiota

El uso excesivo de antibióticos, los partos por cesárea, una alimentación pobre en fibra y el consumo elevado de productos ultraprocesados son los factores que más impactan en la microbiota intestinal durante las primeras etapas de vida. Estas condiciones pueden reducir la diversidad microbiana necesaria para desarrollar tolerancia inmunológica, es decir, la capacidad del sistema inmune de reconocer ciertos alimentos sin activar una respuesta alérgica.

¿Cómo cuidar la microbiota intestinal?

Para cuidar la microbiota, la especialista de Wellnessy Nutrición recomienda medidas simples, especialmente desde la infancia. Una de ellas es diversificar la alimentación desde temprana edad con una dieta variada y rica en fibra, que nutre las bacterias beneficiosas del intestino. También se debe favorecer la lactancia materna, ya que la leche materna aporta microorganismos y componentes clave para fortalecer la microbiota del bebé. Limitar el uso innecesario de antibióticos es otra recomendación, pues su consumo frecuente reduce la diversidad bacteriana intestinal y siempre debe realizarse bajo indicación médica. Incorporar alimentos fermentados como yogur natural y kéfir, fuentes de probióticos, contribuye al equilibrio de la microbiota. Finalmente, consultar antes de eliminar alimentos es crucial, ya que retirar grupos alimentarios sin diagnóstico puede afectar la nutrición y complicar el manejo de una posible alergia. “Cuidar la microbiota es una estrategia de salud con respaldo científico creciente. Y la buena noticia es que el punto de partida está en lo que ponemos en el plato”, concluye Chirinos.

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