América Latina ha sido descrita durante décadas como una región de enorme potencial que no termina de concretarse. En los últimos 25 años, creció a un ritmo promedio de 2.3% anual, por debajo del crecimiento global de 3%. En la última década la brecha se amplió aún más: la región apenas avanzó 1.2% anual frente al 2.7% mundial. Mientras tanto, países con niveles de ingreso comparables hace un cuarto de siglo —como Polonia, Turquía o Malasia— lograron tasas cercanas a 4.5% anual. Estos porcentajes son relevantes porque América Latina representa alrededor de 7.6% de la población mundial, aunque su peso en el PBI global ronda apenas 6% y podría seguir cayendo en las próximas décadas si la trayectoria actual se mantiene.

El Perú tampoco ha tenido un camino sencillo. Según el Banco Mundial, desde 1991 la productividad del país creció a una tasa 4.5 veces inferior a la del capital y la fuerza laboral. Esto se debe, según el organismo, a regulaciones ineficientes que han restringido el acceso de las empresas formales a capital y trabajo. La pregunta que surge es cómo abordar este problema estructural.

Entre 1997 y 2022, apenas 0.8 puntos porcentuales del crecimiento anual del PBI regional provinieron de mejoras productivas. Eso equivale a 35% del crecimiento total, muy por debajo del desempeño observado en economías comparables. En varios países emergentes, la productividad aportó dos o tres veces más al crecimiento económico. El contraste revela un desafío estructural: durante décadas el crecimiento latinoamericano dependió en gran medida de la expansión de la fuerza laboral. De hecho, cerca del 65% del crecimiento económico provino de ese factor.

Ese motor demográfico comienza a agotarse. El crecimiento de la población económicamente activa se desacelerará hasta alrededor de 0.6% anual entre 2025 y 2035, y podría volverse negativo hacia 2040. En otras palabras, el futuro crecimiento tendrá que venir principalmente de mejoras en productividad. La solución, entonces, tiene nombre claro: productividad.

Nuestro país también debe aprovechar este “momentum”. (Foto: Andina)

El problema se vincula con la inversión

En América Latina, el aumento de capital por trabajador sumó apenas 0.9 puntos porcentuales al crecimiento de productividad en el último cuarto de siglo, cerca de la mitad del impacto observado en economías comparables. A esto se suma una tasa de inversión persistentemente baja: la formación bruta de capital promedia el 20% del PBI, muy por debajo de regiones dinámicas como Asia emergente o Europa del Este.

Pese a este rezago, el contexto global abre una ventana inesperada para cambiar la trayectoria. La economía mundial atraviesa transformaciones impulsadas por cuatro tendencias: una nueva configuración geopolítica multipolar, avances acelerados en tecnologías digitales e inteligencia artificial, cambios demográficos que alteran la demanda global y la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles.

La región cuenta con ventajas estructurales relevantes: abundante energía renovable, importantes reservas de minerales críticos, amplias tierras agrícolas y proximidad geográfica a mercados clave como Norteamérica. De estas fortalezas emergen tres vectores de crecimiento: la revitalización de la base industrial mediante manufactura avanzada y mayor integración comercial; el desarrollo de servicios digitales y capacidades tecnológicas que aprovechen la creciente demanda global de infraestructura digital; y el aprovechamiento inteligente de los recursos naturales.

Perú debe aprovechar este “momentum”. La economía creció 3.44% en 2025 y, recientemente, Bank of America mejoró sus previsiones de crecimiento del PBI peruano a 3.8% en 2026 y 4.5% en 2027, reflejando expectativas de mayor inversión y actividad económica. Además, la OCDE señaló que la inversión privada en Perú aumentó alrededor de 9% en 2025, impulsada por contratos de asociaciones público-privadas y mejores condiciones financieras.

La coyuntura electoral representa una oportunidad decisiva para que América Latina y el Perú conviertan la posibilidad en productividad real. Depende de los líderes empresariales aprovechar este momento con decisiones estratégicas sobre inversión, tecnología y capital humano, actuando con la velocidad necesaria para priorizar el crecimiento como motor de desarrollo.

Leer artículo completo en gestion.pe →