Con la proclamación de Keiko Fujimori como presidenta, tras casi un mes de espera, el país inicia una nueva etapa. Este Búho, que ve el panorama político más movido que Kike Suero después de tomar una damajuana de la trepadora cachina chinchana mientras veía la eliminación de Brasil ante Noruega en el Mundial, agarra su ‘Espada del augurio’ de ‘Los Thundercats’ para ver ‘más allá de lo evidente’ y lanzar sus ‘Picotitos’, bien rabiosos, como exigen sus lectores.

Ahora, Keiko debe conducir un país muy polarizado, sin margen de error. Su primera tarea es conformar los mejores cuadros con los técnicos más eficaces, sin importar la tienda política de la que provengan. Pero esas personas deben estar en la misma línea y apuntar al mismo objetivo; sería tonto nombrar personajes que luego protagonicen peleas internas que retrasen el trabajo y desgasten al gobierno. Además, es fundamental elegir a personas limpias de corrupción y evitar el copamiento de cargos.

Otra de sus pruebas de fuego será el Fenómeno El Niño, que expertos advierten podría ser uno de los más terribles de la historia. Keiko también debe ir a esos lugares donde hay ausencia del Estado. Mientras tanto, la criminalidad se ha desbordado: los malditos extorsionadores tienen la desfachatez de exigir ‘gratificación’ de Fiestas Patrias a los choferes. Es el colmo: todos los días les quitan dinero a punta de balazos y bombas, y encima salen con esta barbaridad. Protejan a los choferes.

La Policía ha sido claramente desbordada y los criminales actúan con total impunidad, lo que hace que el Perú no sea viable si estas situaciones increíbles persisten. El gobierno de Keiko tiene la misión de reprimir a estas lacras con toda la fuerza legal, aunque la tarea será complicada y los peruanos exigirán resultados inmediatos. RADICALES VIOLENTOS. Los sistemas de inteligencia deben estar alerta ante la violencia que, con toda seguridad, intentarán provocar los grupos radicales desde que el fujimorismo asuma el poder. Ahí están los antauristas y la gente del Movadef, que han llegado al Congreso con financiamiento y capacidad de acción. Su objetivo es provocar caos y muerte para ‘confirmar’ que el nuevo gobierno no respeta los derechos humanos y está integrado por asesinos. Sin defender al fujimorismo, con el que este periódico siempre ha sido crítico, es claro que el antifujimorismo es un negocio lucrativo del que han vivido durante décadas desde progresistas de cafetín, pasando por los ‘dignos’ que agarran millonarias consultorías con el Estado, hasta Sendero Luminoso, que hoy tiene escaños en el Parlamento gracias a ese odio. EL INDULTO DE CASTILLO. El inoperante presidente José Balcázar debe pensarlo bien y contener sus ansias de liberar al golpista Pedro Castillo. Los seguidores del chotano repiten la mentira de que es víctima del ‘racismo y clasismo limeño’, obviando que dio un fracasado golpe de Estado en vivo ante millones de peruanos.

Apago el televisor. Sánchez, que perdió las elecciones y ni siquiera estará en el Congreso, quiere a Antauro en las calles para que haga revueltas a su lado. Pero el chotano es un elemento peligroso por disociador; soltarlo sería hacerle un grave daño al país, pues solo crearía más divisiones y odios entre peruanos. Encima, no está enfermo ni tiene la edad para que lo manden a casa, y Balcázar lo sabe. Que piense en las consecuencias para el país y para él, porque también se olvidan de contar los escandalosos casos de corrupción por los que es investigado.

Atraer dinero al Perú para grandes obras y otros proyectos es lo único que pondrá dinero en los bolsillos de los peruanos. Solo así comenzaremos a derrotar a la pobreza, al hambre y a la anemia de nuestros niños. Se debe impulsar la realización de proyectos, especialmente en las zonas más olvidadas donde el Estado, además, debe llegar para brindar los servicios que requieren esas poblaciones. Los gobiernos regionales han recibido miles de millones de soles en los últimos años, pero de manera increíble desaparecieron la plata y solo hicieron alguna que otra obra sin mayor importancia. Carentes de atención médica, de adecuada educación escolar, de agua potable y otros, los habitantes de esas regiones culpan a Lima de sus males, en lugar de reclamar a sus gobernadores y alcaldes, los verdaderos culpables.

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