El desafío climático ya no se limita a vender menos casacas o chompas. La transformación es más profunda: altera el diseño de las prendas, la producción, la gestión de inventarios y las decisiones comerciales que se toman meses antes de cada temporada, según advierten especialistas del sector textil peruano.
Fiorella Leonela Aguirre Reyes, docente coordinadora de Diseño y Gestión de Moda de Toulouse Lautrec, señala que las marcas peruanas ya están modificando la composición de sus colecciones. En lugar de apostar por prendas pesadas, incorporan materiales más ligeros como algodón, lino y mezclas textiles que ofrecen mayor transpirabilidad sin sacrificar comodidad.
A esto se suma el creciente protagonismo del layering o sistema de vestir por capas. La propuesta consiste en combinar prendas livianas —polos o blusas— con sobrecamisas, chalecos o chaquetas ligeras, permitiendo adaptarse a los cambios de temperatura durante el día. “Es similar a lo que ocurre en la sierra, donde una persona puede usar un polo y una chompa, y retirarse esta última cuando aumenta el calor“, sostiene Aguirre Reyes.
La especialista agrega que también cobran fuerza las siluetas relajadas y cómodas, como pantalones rectos o de pierna amplia, camisas holgadas y prendas versátiles que pueden usarse tanto en invierno como en otras temporadas. En su opinión, la industria está dejando de diseñar exclusivamente bajo un calendario estacional para responder con mayor rapidez a las necesidades reales del consumidor.
Mary del Águila, directora ejecutiva del Centro de Altos Estudios de la Moda (CEAM), coincide en que el fenómeno climático obliga a replantear la lógica tradicional de las colecciones. Explica que las empresas trabajan normalmente con mucha anticipación, considerando tendencias internacionales, procesos de diseño, importación de insumos y producción. Cuando el clima cambia inesperadamente, aumenta el riesgo de quedarse con inventarios que ya no responden a la demanda.
El especialista sostiene que las marcas deberán orientarse hacia colecciones más pequeñas, flexibles y adaptables. Esta tendencia ya se manifiesta a nivel global con las denominadas Capsule Collections o colecciones cápsula y las Cruise Collections, que distribuyen lanzamientos a lo largo de todo el año en vez de ceñirse exclusivamente a las campañas de otoño-invierno o primavera-verano. “Por eso, las temporadas que antes eran mucho más rígidas y estáticas están dando paso a propuestas más flexibles, atemporales y adaptables, una tendencia que viene ganando cada vez más fuerza en la industria de la moda”, manifiesta.
El consumidor también está transformándose: hoy demanda prendas funcionales, versátiles y con mayor vida útil, capaces de acompañarlo en distintos contextos y temperaturas. “El profesional de la moda ya no puede enfocarse únicamente en el diseño. Hoy necesita comprender toda la estrategia que hay detrás de una marca y de una colección. Eso implica entender de análisis de datos, marketing, branding, comportamiento del consumidor e incluso aspectos logísticos y operativos”, enfatiza.
Esta transformación no solo responde a criterios creativos; tiene un fuerte componente financiero. Álvaro León-Gambetta, docente de Marketing de la Universidad de Lima, advierte que las empresas preparan sus compras y despachos con varios meses de anticipación, cuando aún no existe certeza sobre cómo será realmente la temporada. Ese desfase puede generar lo que denomina un “doble costo del error de pronóstico”. Por un lado, las compañías terminan con exceso de inventario de prendas que deberán liquidar o almacenar para el año siguiente. Por otro, dejan de vender productos más adecuados para las condiciones climáticas actuales porque simplemente no los tienen disponibles.
Desde la perspectiva del consumidor, León-Gambetta identifica tres comportamientos principales. Algunos optarán por reutilizar la ropa de inviernos anteriores y no comprarán nada esta temporada. Otros buscarán prendas acordes con el clima, aunque encontrarán una oferta limitada. Finalmente, habrá quienes aprovechen los descuentos para adquirir ropa de invierno pensando en usarla en futuras temporadas, comportamiento que observa principalmente entre consumidores adultos.
Susana Saldaña, presidenta del Consejo Directivo de la Asociación Empresarial Gamarra Perú, reconoce que el comportamiento del mercado estuvo por debajo de las expectativas y que el invierno prácticamente ausente ya confirma un impacto económico para la campaña. Aunque señala que las pérdidas serían menores que las registradas durante el 2023, explica que el problema comienza mucho antes de que las prendas lleguen a las tiendas, ya que la fabricación de telas puede iniciarse entre seis y nueve meses antes de la temporada, mientras que la confección de prendas requiere al menos tres o cuatro meses de anticipación, lo que limita la capacidad de reacción cuando el clima cambia.
Frente a ello, los empresarios del principal emporio textil del país han optado por renovar sus inventarios con mayor cautela, mantener una oferta de prendas confeccionadas con telas más ligeras y reducir el volumen de producción de ropa altamente abrigadora. Asimismo, muchas prendas de invierno se están ofreciendo prácticamente al costo con el objetivo de recuperar el capital invertido y financiar la siguiente campaña de primavera-verano, especialmente en el caso de las micro y pequeñas empresas.
En este contexto, se considera que las promociones seguirán siendo una herramienta importante para movilizar inventarios, pero se advierte que el descuento, por sí solo, no basta. Las marcas también deben construir un mensaje que justifique la compra y permita al consumidor percibir el valor de aprovechar esos precios en un contexto excepcional. “El cliente necesita el ‘permiso mental’ para comprar algo que, en condiciones normales, no sería su prioridad del momento“, enfatiza.
Además, sostiene que reducir los tiempos entre el pedido y la llegada de la mercadería disminuye el riesgo climático. En ese sentido, trabajar con fabricantes nacionales o de países cercanos ofrece una ventaja frente a las importaciones de larga distancia, cuyas decisiones deben tomarse mucho antes de conocer cómo será realmente la temporada.
Saldaña señaló que, de cara al futuro, las decisiones del sector textil deberán basarse cada vez más en información climática. Por ello, la Asociación Empresarial Gamarra Perú mantiene una relación más estrecha con el Senamhi para acceder a reportes que permitan planificar con mayor anticipación la producción de telas y prendas. Los especialistas coinciden en que la adaptación ya no es una ventaja, sino una condición indispensable para competir. Diseñar prendas más versátiles, producir en volúmenes eficientes, gestionar inventarios con flexibilidad, incorporar análisis de datos y usar información climática para anticipar decisiones comerciales son cambios que redefinen el funcionamiento de la industria. Estos ajustes van más allá del impacto puntual de la temporada cálida y marcan una nueva lógica de negocio.
Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.
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