Entre el 24 y el 28 de junio, la Plazuela San Agustín y el auditorio de la Fundación Cultural del Banco de la Nación, en Trujillo, fueron el escenario de dos eventos que celebraron la palabra, los libros y el arte: la Feria Educativa Regional José María Arguedas (FEDU) y, en paralelo, el XVI Congreso de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ). Organizada por la Casa de la Literatura Peruana, la FEDU se propuso revalorar a los autores regionales y visibilizar experiencias educativas vinculadas con la lectura, un gesto que, en un país donde a menudo se habla de la lectura solo para lamentar resultados, constituye un gran mérito. “¿No es una buena noticia que la lectura tome los espacios públicos?”, se preguntaron los organizadores.
La lectura, según se remarcó, no puede reducirse a una medición o a un indicador. “Leer es una práctica que se vive en el día a día y necesita más que lamentos o estadísticas”, señalaron. En esa línea, la programación fue muy variada: incluyó talleres, mesas de diálogo, recitales, narración oral, presentaciones de libros, experiencias de bibliotecas rurales y proyectos educativos. También se abordaron temas cruciales como la lectura con adolescentes, la mediación lectora, el lenguaje inclusivo, la escritura, la diversidad y la interculturalidad. “Es que, como ya se ha dicho hasta la saciedad, leer no se reduce a mirar o decodificar. ¡Leer es abrirnos a otras voces y a las diferencias que conllevan!”, concluyeron. En verdad, fue un espacio muy enriquecedor.
La FEDU no se llamó así por capricho. Nombrar a José María Arguedas implicó recordar que el Perú no se lee desde una sola lengua, un canon fijo ni un único modo de vida. Por eso la feria no se limitó a exhibir libros: puso en diálogo a escritores, docentes, escolares, editoriales, mediadores, gestores culturales y comunidades lectoras. Se sintió como una invitación a soñar con un país más cercano y sensible. Entre las actividades más entrañables quedará la presencia de Eduardo González Viaña, tanto en la inauguración como en el cierre. También las intervenciones artísticas de las UGEL, las reflexiones sobre lectura, adolescencia y comunidad, y la participación de escolares en talleres, charlas y presentaciones. Fue particularmente conmovedora la presencia de estudiantes de Valle de Dios, del distrito de Chao. A través del rap y otros ritmos urbanos, compartieron letras nacidas de su propia realidad: sus voces hablaron de violencia, dignidad, esperanza y país. ¿Acaso no es esta una forma legítima de leer la realidad y expresarse estéticamente? Sin embargo, no todo puede celebrarse sin reflexión. Debo decirlo con serenidad y firmeza: una experiencia de esta magnitud merecía mayor presencia y compromiso público de las principales autoridades. Es cierto, como dice la maestra Cucha del Águila, que siempre debemos comprender las razones del otro. Pero existen compromisos institucionales ineludibles. Una feria educativa no es un adorno cultural ni un acto protocolar más. Es una oportunidad para acercarnos a los ciudadanos y, en ese encuentro, reconocer a quienes se esfuerzan por promover la lectura y la literatura.Detrás de cada conferencia, mesa de diálogo o presentación hay preparación, emoción y compromiso. Ese esfuerzo necesita públicos, lectores, docentes y autoridades que lo acompañen. Las buenas iniciativas no tienen por qué quedarse en eso; requieren decisión para fortalecerse y hacer eco de su valía. Por eso, es justo reconocer el apoyo de diversas empresas e instituciones y, especialmente, el enorme esfuerzo del equipo de la Casa de la Literatura Peruana, con su director Gary Marroquín a la cabeza. Igualmente, el compromiso de la maestra Sussy Tacanga Montes y del equipo de especialistas de la Gerencia Regional de Educación de La Libertad. Sin esta suma de voluntades, la FEDU habría sido solo un bonito programa. Gracias a valiosas personas como ellas, fue una experiencia viva y gratificante.
Me pregunto: ¿cuántos docentes pudieron haber aprovechado estas actividades o cuántos estudiantes más habrían descubierto, en una charla o narración oral, una puerta distinta hacia la lectura? Muchos no reparamos en esto, pero el trabajo colectivo fue clave. La Feria Educativa Regional José María Arguedas nos deja resonando esta lección: la lectura sigue siendo una de las formas más hermosas y comprometidas de construir ciudadanía. Cuando un libro llega a una escuela, cuando un docente encuentra una estrategia, cuando un estudiante se atreve a preguntar, cantar, leer o escribir, algo muy hermoso empieza a germinar en favor de un país menos indiferente. ¡Qué gratificante es ver instituciones y personas dispuestas a remar a contracorriente!
Ojalá que esta Feria no se quede en un luminoso recuerdo de cinco días. ¡Ojalá que marque el inicio de una descentralización sostenida de la lectura! La lectura tomó la plaza. Ahora nos corresponde a todos acompañarla para que no vuelva a quedarse sola.
En Trujillo, la Feria del Libro de la Universidad Nacional de Trujillo (FEDU) y la Feria de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) tomaron la plaza con una programación que reunió a escritores, editores y lectores. El evento, que se desarrolló en la Plaza de Armas, ofreció presentaciones de libros, talleres y actividades culturales para toda la familia, consolidando a la ciudad como un punto de encuentro literario en el norte del país.
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