Mi amigo Gary, el fotógrafo, llegó al restaurante y pidió un plato de alverjita verde con arrocito y estofado de pollo, acompañado de una jarrita de jugo de piña. Mientras comía, soltó un tema que hoy divide opiniones: “María, un policía abatió hace unos días al chofer de combi venezolano Lisandro José Arellano, porque se pasó la luz roja, manejaba de manera temeraria e intentó arrollar al uniformado tras ser intervenido”. Y agregó: “El debate se instaló sobre la actuación de la Policía en estos casos. La investigación se ha iniciado y según el presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, el agente actuó de manera correcta porque el conductor era un peligro. Dania Paza, la pareja del fallecido y cobradora de la unidad, señala que no había motivo para disparar. Pero un video de un pasajero la delata”.

En esas imágenes, la mujer incita al venezolano a agredir al policía. “Ahora te vas a jo... por tocarme”, le grita y acto seguido el conductor se va contra el agente y por poco lo mata. Para Gary, el caso refleja algo más profundo: se ha perdido el respeto a la figura policial. “Choferes, peatones, gente común, autoridades, todos, se enfrentan, insultan, ‘cholean’, amenazan y cachetean a los efectivos cuando son intervenidos. Las imágenes de video del venezolano muestran que maneja como un loco, exponiendo al peligro no solo a los pasajeros, sino a los transeúntes y demás choferes”.

El fotógrafo sostiene que eso no debe pasar. “Hay que aplicar mano dura porque un vehículo en manos de un energúmeno se puede convertir en un arma mortal. Tampoco hay educación vial. Eso se debe enseñar desde el colegio”. Y remarca: “Cuando uno maneja, debe ser empático, pensar en el prójimo y respetar las normas de tránsito, que están hechas para evitar accidentes. En realidad, es fácil manejar por las pistas. Si vas a cambiar de carril, pon tu direccional. Si ves una luz roja, detente. Si encuentras un paso cebra, detente y deja pasar a la gente. No te vayas contra el tráfico ni uses el claxon por gusto”.

“Piensa que en casa te esperan tus hijos, esposa, padres. Un segundo de locura puede ser fatal, te puede malograr la vida. Ya lo saben”, concluyó. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

Leer artículo completo en trome.com →