El Comité Multisectorial ENFEN, mediante su Comunicado Oficial N.° 11-2026, ha alertado que al Niño Costero activo frente a las costas peruanas se suma un Niño Global en el Pacífico central. Este fenómeno combinado tiene alta probabilidad de alcanzar magnitud fuerte hacia fines de 2026, con un riesgo de acoplamiento de ambos eventos entre el cierre de ese año e inicios de 2027. Frente a este panorama, la unidad de gestión de riesgo de Marsh advierte que la mayor amenaza para las empresas no está en la categoría final del fenómeno, sino en una pregunta que pocas gerencias se han planteado con seriedad: ¿cuánto podrían perder sus activos ante un evento extremo y cuántas semanas de interrupción puede absorber financieramente el negocio?

La Encuesta de Adaptación Climática 2025 de Marsh revela que el 32% de las organizaciones de la región sufrió una pérdida o interrupción por fenómenos meteorológicos extremos en los últimos tres años. Sin embargo, haber sido afectado —o estar preocupado— no equivale a estar preparado. La experiencia de los eventos de 2017 y 2023 dejó avances importantes en el resguardo de activos: muchas organizaciones reforzaron muros de contención, optimizaron drenajes y actualizaron protocolos de emergencia. No obstante, Marsh identifica una preocupante falta de preparación en el plano financiero, donde el daño visible a la propiedad es apenas la punta del iceberg.

“El daño material a instalaciones y equipos es lo más visible, pero debajo de la superficie están los riesgos que realmente comprometen la viabilidad del negocio: la interrupción de la cadena de suministro, la imposibilidad de operar, la pérdida de ingresos y el impacto en las personas. La mayoría de las empresas no ha dimensionado el impacto de una paralización prolongada en su liquidez, ni si sus programas de seguros reflejan el valor real expuesto a pérdida. El Niño ya no es solo un riesgo operativo; es un riesgo estratégico que debe integrarse al mapa de riesgos corporativo”, señaló Orlando Rivera, Líder de Soluciones de Consultoría para Marsh Perú.

Identifican tres frentes críticos:

Basándose en la siniestralidad histórica de El Niño en Perú —donde el Niño Costero de 2017 dejó pérdidas aseguradas estimadas en US$ 660 millones, con US$ 494 millones efectivamente indemnizados (datos de la SBS), impactando con fuerza a los sectores de energía, pesca, infraestructura y agroindustria—, Marsh señala tres frentes críticos. “Y el momento de actuar es ahora: renegociar coberturas, ampliar límites o contratar nuevas protecciones toma meses, y a medida que el doble evento se consolide hacia el segundo semestre, el mercado endurecerá sus condiciones”, agregó.

El Niño Costero de 2017 dejó pérdidas aseguradas estimadas en USD 660 millones, con USD 494 millones efectivamente indemnizados (datos de la SBS).Foto: ENFEN
  1. Estrés financiero y capacidad de absorción. Un siniestro severo no solo destruye activos, sino que paraliza la generación de ingresos mientras los costos fijos siguen corriendo. Las gerencias deben determinar cuántas semanas de inactividad soporta su caja operativa, evaluar si una interrupción prolongada gatillaría el incumplimiento de las condiciones financieras pactadas con sus bancos (covenants) y verificar que los contratos con clientes y proveedores incluyan cláusulas de fuerza mayor vigentes.
  2. Cadena de valor y proveedores críticos. Una planta o un fundo agrícola puede estar físicamente intacto y, aun así, quedar inoperativo si se bloquean las rutas logísticas, falla un proveedor no identificado como crítico o se interrumpen servicios básicos como agua y energía. A esto se suma el ausentismo laboral derivado de emergencias sanitarias asociadas al clima. Mapear a los proveedores críticos y verificar sus propios planes de continuidad es hoy una necesidad concreta, no un supuesto teórico.
  3. Infraseguro y falsa sensación de protección. Confiar en que las pólizas de años anteriores siguen siendo suficientes es un error frecuente. La brecha entre la pérdida potencial real por paralización y la cobertura de lucro cesante efectivamente contratada puede ser significativa en sectores altamente expuestos como agroindustria, energía e infraestructura. Además, muchas pólizas exigen el cumplimiento de “garantías de ingeniería” —mantenimiento de techos, limpieza de canales, refuerzo de muros—. Si al momento del siniestro se demuestra que esas medidas no se ejecutaron, la aseguradora puede declinar el pago o aplicar deducibles más altos.
El análisis histórico de Marsh revela que el intervalo de ocurrencia de El Niño en el Perú se ha reducido drásticamente: de un evento cada 19 años, en promedio, a uno cada seis. “El Niño ya no puede gestionarse como un evento excepcional que ocurre una vez por década. Es hoy una variable recurrente del entorno de negocios peruano”, afirmó Rivera. Frente a este cambio estructural en el clima de negocios local, el ejecutivo subrayó que “las organizaciones que internalicen el riesgo climático en su planificación financiera y operativa —y no solo como un protocolo de emergencia— no solo estarán mejor protegidas: tendrán una ventaja competitiva real”. Así, la evidencia de Marsh marca un paso de la reacción a la estrategia, instando a las empresas a integrar este riesgo de manera permanente.

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