El régimen iraní ha convertido el funeral de Estado de Ali Khamenei en una demostración masiva de fuerza política, religiosa y militar, tras la guerra con Estados Unidos e Israel. Las autoridades esperan la asistencia de entre 15 y 20 millones de personas solo en Teherán, lo que ya se perfila como la mayor movilización pública en la historia del país.

El cuerpo del líder supremo llegó este viernes a la Gran Musalá del Imán Jomeini, en la capital, donde quedó instalada la capilla ardiente. El recinto está rodeado de banderas negras —símbolo de luto— y rojas —asociadas al martirio y la venganza—, y vigilado por un fuerte despliegue de seguridad. Retratos monumentales del ayatolá concentran el epicentro de las ceremonias oficiales.

Las exequias, inicialmente previstas para marzo pero aplazadas por el conflicto bélico, se extenderán por varios días. Tras los actos en Teherán, la procesión continuará en Qom, Mashhad y ciudades santas de Irak, como Najaf y Kerbala, antes del entierro final en Mashhad, ciudad natal del líder religioso.

El gobierno iraní organizó un amplio operativo logístico para facilitar la llegada de simpatizantes desde todo el país. Foto: AFP.

El gobierno iraní organizó un amplio operativo logístico para facilitar la llegada de simpatizantes desde todo el país, mientras que la seguridad en la Gran Musalá del Imán Jomeini se mantiene en máxima alerta. Las ceremonias comenzaron en Teherán, donde el cuerpo de Khamenei permanece rodeado por banderas de luto y bajo estricta vigilancia.

Movilización masiva y mensaje político

El gobierno iraní organizó un amplio operativo logístico que incluye transporte, alojamiento y distribución de alimentos para facilitar la llegada de simpatizantes desde todo el país. La estrategia busca garantizar una asistencia multitudinaria que las autoridades interpretan como un respaldo al sistema político tras una guerra que dejó miles de muertos y profundizó las tensiones internas. En ese contexto, el imán de Qom, Mohammad Saidi, sostuvo que la participación en el funeral será “otro referéndum para la República Islámica”, en una clara alusión al carácter político que el régimen otorga a las ceremonias.

En paralelo, el dispositivo de seguridad transformó a Teherán en una ciudad parcialmente paralizada: carreteras cerradas, controles militares, suspensión de actividades comerciales y restricciones en el aeropuerto, que operará de forma limitada hasta su cierre total el lunes, día declarado festivo.

Cortejo fúnebre y recorrido religioso

Tras las ceremonias en Teherán, el féretro será trasladado en procesión hacia Qom y, posteriormente, a las ciudades iraquíes de Najaf y Kerbala, dos de los principales centros del islam chiita. El recorrido concluirá en Mashhad, donde el líder será enterrado junto al santuario del imán Reza.

Las autoridades iraníes comparan estas exequias con las de 1989, cuando la muerte del fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeini, reunió a unos 10 millones de personas. Esta vez, sin embargo, el régimen aspira a superar ampliamente esa cifra como símbolo de cohesión interna y continuidad del sistema. El funeral de Ali Khamenei se desarrolla en un escenario de alta tensión regional, vigilancia militar reforzada y mensajes políticos que buscan consolidar el poder del Estado tras un conflicto que ha redefinido el equilibrio en Medio Oriente. Durante el trayecto, el gobierno prevé actos públicos y homenajes masivos en cada ciudad, en un intento por proyectar unidad nacional en medio de un contexto político y social marcado por sanciones, protestas y desgaste económico.

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