Un nuevo estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y liderado por la científica Susan Solomon plantea que el deterioro de la capa de ozono comenzó mucho antes de lo que se creía y en regiones distintas a las registradas por los modelos clásicos. Según divulgó National Geographic, la investigación analiza series históricas y simulaciones atmosféricas que demuestran un proceso gradual y extendido.

La investigación examina décadas de observaciones sobre la estratosfera y postula que el daño comenzó en la atmósfera superior, previo a la detección del famoso 'agujero' antártico. Los autores exploran la posibilidad de que ciertas sustancias industriales contribuyeran al proceso inicial de forma invisible desde la superficie terrestre. Un hallazgo clave es que el debilitamiento del escudo atmosférico inició durante la década de 1950 en las regiones tropicales de la estratosfera.

Mediante sofisticadas reconstrucciones computacionales, el estudio examinó registros industriales y mediciones indirectas en testigos de hielo para rastrear compuestos halogenados previos al desastre antártico. Este análisis histórico busca identificar las primeras alteraciones químicas en zonas donde las condiciones del entorno revelan fluctuaciones sutiles con mayor nitidez. La investigación demuestra que un solvente usado en el siglo pasado fue clave en el agotamiento temprano del ozono en la estratosfera.

Susan Solomon fue pionera de un estudio del MIT que halló un sorpresivo impacto humano prematuro en la capa de ozono en los años 80.

¿Por qué se originó el agujero de la capa de ozono, según nuevo estudio?

Un reciente estudio sugiere que el debilitamiento del escudo atmosférico inició durante la década de 1950 en las regiones tropicales de la estratosfera. Mediante sofisticadas reconstrucciones computacionales, la investigación examinó registros industriales y mediciones indirectas en testigos de hielo para rastrear compuestos halogenados previos al desastre antártico. Este análisis histórico busca identificar las primeras alteraciones químicas en zonas donde las condiciones del entorno revelan fluctuaciones sutiles con mayor nitidez.

Patrones espaciales de tendencias de ozono de 15 años, variabilidad interna y relaciones señal-ruido durante diferentes períodos de agotamiento de ozono de WACCM y CCMI. Foto: PNAS

Patrones espaciales de tendencias de ozono de 15 años, variabilidad interna y relaciones señal-ruido durante diferentes períodos de agotamiento de ozono de WACCM y CCMI. Foto: PNAS

El tetracloruro de carbono, un solvente mercantil de uso común en el siglo pasado, destaca como el principal responsable del agotamiento prematuro en la estratosfera. Antes de que los clorofluorocarbonos se expandieran globalmente y mantuvieran su rol crítico en la evolución del daño, esta sustancia ya generaba un impacto adverso perceptible. Los autores de la publicación sostienen que los modelos climáticos de alta resolución detectan señales sutiles de deterioro previo a la crisis en el polo sur. No obstante, los expertos aclaran que estas simulaciones no prueban la existencia de un 'agujero' en sentido estricto durante esa época temprana, sino una fase inicial de reducción progresiva del ozono en la atmósfera global.

Para la comunidad científica internacional, respaldada por agencias como la NASA, la NOAA y la Organización Meteorológica Mundial (WMO), el agujero de ozono constituye un fenómeno estacional. Esta anomalía se genera principalmente sobre la Antártida a causa de condiciones extremas de frío y la dinámica atmosférica. Dicho diagnóstico surge de observaciones satelitales y mediciones in situ acumuladas desde la década de 1980, las cuales confirman la relación directa entre el cloro de origen humano y la destrucción de la capa protectora.

El modelo químico clásico, que atribuye a los clorofluorocarbonos (CFC) la principal fuente de cloro en la estratosfera y cuyo agotamiento masivo se activa en nubes polares, fue la base del exitoso Protocolo de Montreal para reducir estas sustancias. Sin embargo, investigaciones recientes complementan este panorama al detallar la contribución adicional de compuestos como el tetracloruro de carbono en etapas tempranas. Expertos como Susan Solomon, involucrada en la formulación original y en revisiones posteriores, sugieren una evolución del conocimiento y descartan una ruptura con la explicación dominante.

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