El Vaticano ha confirmado la excomunión de seis obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el principal movimiento ultraconservador que rechaza las reformas del Concilio Vaticano II y defiende el regreso a la misa en latín y a una Iglesia con mayor influencia sobre la vida pública. La sanción se produjo tras la consagración de cuatro nuevos prelados sin mandato del papa León XIV, un acto que la Santa Sede calificó como una división.
El decreto, emitido por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, sostuvo que las ordenaciones constituyeron un “acto de naturaleza cismática”. Además, establece que los ministros de esta comunidad quedan en situación de cisma y advierte que los fieles laicos que se adhieran formalmente al movimiento recibirán la misma sanción.
La decisión llegó un día después de la ceremonia celebrada en Ecône, Suiza, donde fueron ordenados los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, el estadounidense Michael Goldade y el suizo Pascal Schreiber. También fueron excomulgados el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay por haber participado como consagrantes sin autorización pontificia.
La excomunión alcanza a los fieles
El Vaticano amplió las sanciones canónicas más allá de los seis obispos. El documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe precisó que los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben ser considerados cismáticos. Además, recordó que los fieles laicos que se incorporen formalmente a la organización incurrirán en excomunión latae sententiae, una pena prevista por el derecho canónico.
El texto exhortó a clérigos y laicos a mantenerse en unión con el Romano Pontífice y con los obispos en plena comunión con la Iglesia católica. También pidió abstenerse de participar en celebraciones o actividades organizadas por la congregación. Al mismo tiempo, la Santa Sede aseguró que recibirá “con sincero afecto y viva preocupación pastoral” a quienes deseen regresar a la plena comunión eclesial.
Una ruptura que comenzó tras el Concilio
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como respuesta a las modificaciones impulsadas por el Concilio Vaticano II. Estos cambios permitieron, entre otras cosas, celebrar misa en idiomas locales en lugar de solo en latín, y promovieron el respeto hacia otras religiones. El grupo rechaza estas reformas y prefiere mantener las tradiciones anteriores, como la misa en latín con el sacerdote de espaldas a los feligreses. Asimismo, defienden una visión más rígida de la sociedad, donde la Iglesia tendría un papel más central en la vida pública.
El Vaticano comunicó que las autorizaciones otorgadas durante el pontificado de Francisco a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X —que les permitían administrar el sacramento de la penitencia y asistir matrimonios— quedan sin efecto. Esta decisión se suma a la excomunión de seis obispos ultraconservadores por realizar consagraciones sin mandato papal. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe señaló que los múltiples intentos de reintegrar al movimiento “han resultado infructuosos” y que las recientes ordenaciones agravaron definitivamente la ruptura.
La tensión con Roma se arrastra desde 1988, cuando Juan Pablo II excomulgó a Marcel Lefebvre y a cuatro obispos ordenados sin autorización papal. En 2009, Benedicto XVI levantó esas excomuniones para favorecer el diálogo, pero la reconciliación nunca prosperó. Antes de las nuevas ordenaciones, el papa León XIV dirigió un llamamiento directo a la Orden para que desistiera. “Les suplico desde lo más hondo del corazón: ¡reconsideren su decisión!”, escribió el Pontífice en una carta. Pese a esa petición, la ceremonia se llevó a cabo.
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, expresó el “profundo dolor” que provocó el episodio. Explicó que las ordenaciones “rompen la unidad de la Iglesia” y constituyen “un acto cismático” que conlleva “sanciones muy precisas”, entre ellas la excomunión. Aun así, manifestó su deseo de que el diálogo pueda retomarse en el futuro para encontrar una solución. Los sacramentos administrados por la Fraternidad San Pío X quedan sin validez canónica tras el decreto.
La nota subraya que la consagración de obispos sin mandato pontificio es un delito contemplado por el derecho canónico que acarrea excomunión automática. También señala que las confesiones impartidas por sacerdotes de la cofradía y los matrimonios celebrados con su asistencia carecen de validez.
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