El impacto del clima en las finanzas empresariales ya es una realidad en el Perú. Según estimaciones de gremios empresariales difundidas a inicios de este año, un posible escenario de El Niño costero podría generar pérdidas de hasta S/ 291 millones diarios en siete regiones del país, afectando sectores como comercio, turismo y agroindustria. No se trata de un evento aislado, sino de una situación estructural: el clima y sus cambios inciden directamente en costos, demanda y operaciones.

El Banco Central de Reserva (BCR) y el Ministerio del Ambiente advierten que, sin medidas de adaptación, el Perú podría sacrificar hasta el 6% de su PBI potencial al 2030. En regiones como Arequipa, las lluvias ya han provocado pérdidas superiores a los S/ 100 millones, golpeando al turismo y la agroexportación, y dejando al descubierto la vulnerabilidad de las operaciones y cadenas logísticas. En Lima, el calor extremo afecta la rotación de inventarios en el retail y eleva los costos logísticos. En el sector pesca, los cambios en la temperatura del mar alteran la disponibilidad de especies y reducen la productividad.

Ante un posible escenario de El Niño costero, el Perú podría enfrentar pérdidas de hasta S/ 291 millones diarios en siete regiones. (Foto: Presidencia)

Eventos asociados al fenómeno de El Niño han generado pérdidas millonarias en el país, afectando infraestructura y cadenas de suministro. Sectores como agroindustria, pesca, comercio y turismo ya operan en un entorno donde la variabilidad climática impacta producción, demanda y márgenes. En el Perú, estos efectos ya se traducen en decisiones empresariales concretas.

Estos impactos no son solo consecuencia del clima, sino de no haber incorporado escenarios climáticos en la toma de decisiones empresariales. Hoy, la capacidad de anticiparlos es necesaria para la continuidad y éxito del negocio.

Frente a esta realidad, el sistema financiero y las políticas públicas comienzan a integrar esta variable. Lo que antes se percibía solo como riesgo también abre oportunidades. Lima enfrenta hoy el desafío de adaptarse a lluvias más frecuentes y olas de calor, generando nuevos espacios para inversión. En este contexto, destaco tres estrategias clave para el sector empresarial. 1. Resiliencia de activos e infraestructura crítica. Proteger el capex frente a eventos climáticos implica invertir en soluciones basadas en la naturaleza y diseño resiliente, reduciendo interrupciones operativas y costos de mantenimiento. 2. Sostenibilidad inmobiliaria y eficiencia energética. La incorporación de climatización pasiva y materiales reflectantes en activos comerciales permite optimizar el opex, mejorando la eficiencia energética y protegiendo márgenes. 3. Anticipación de la demanda y gestión de inventarios. La analítica climática permite ajustar el mix de productos y abastecimiento según variaciones térmicas, evitando sobre stock y liquidaciones, y fortaleciendo el EBITDA. Para la alta gerencia, integrar el riesgo climático en la estrategia debe ser parte de la gestión empresarial. No se trata solo de reaccionar, sino de anticipar. El clima ya no es una variable externa, es un determinante que impacta directamente en el EBITDA. Sin embargo, no se puede gestionar lo que no se mide. El primer paso para las empresas no es reaccionar, sino evaluar su exposición al riesgo climático e incorporarlo en su toma de decisiones. ¿Tu empresa ya dio ese primer paso? *Marian Buraschi es socia y directora de Libélula.*

Leer artículo completo en gestion.pe →