A una semana del doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de julio, los miembros del Equipo USAR Perú del Cuerpo General de Bomberos mantienen firmes las esperanzas. Rita Denegri, médica y rescatista del equipo que viajó al país llanero, detalló el panorama crítico que atraviesa la nación. Con 25 años en el Cuerpo General de Bomberos y 14 como parte del equipo USAR, Denegri se encuentra en Venezuela salvando vidas. "Trabajamos en las condiciones para las que estamos ampliamente preparados", relató para La República en los cortos minutos de descanso en medio del caos. Los generadores de luz funcionan a toda máquina mientras personas caminan alrededor y entre los escombros. En ese escenario, la rescatista sabe que su labor lleva consigo un mensaje de esperanza. "Por supuesto que esto nos afecta, pero toca inhalar profundo y seguir trabajando para hacer lo mejor posible, para al menos devolver a quienes podamos a sus seres queridos", afirmó. Cada segundo es esencial para quienes están bajo los escombros, con poco oxígeno, sin comida ni agua y con la desesperación presente. Pese al paso de los días, Rita aún mantiene la esperanza de encontrarlos. "Lo más tarde que se ha podido localizar una víctima bajo escombros es de 8 días, eso aún nos deja algunas horas más de trabajo y siempre pueden haber condiciones excepcionales", explicó. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, esa posibilidad se vuelve más escasa. Realizando labores de búsqueda técnica tras el colapso de un edificio de 10 pisos, perforando las losas desde el sexto hasta el tercer nivel para localizar sobreviviente lr.pe

Una devastación sin precedentes

El primer impacto en Venezuela fue un choque de realidad: la ciudad está repleta de escombros, en cada calle un familiar llora a su ser querido y la lista de desaparecidos no deja de crecer. “El nivel de destrucción es incalculable”, resume el equipo. Cada día, mirar una vasta extensión de edificios caídos y casas semiderruidas se vuelve más difícil. “Hemos trabajado en escenarios de edificios que han sido de 17 pisos y solo quedan visibles cinco o seis, con altísima mortalidad”, relatan.

Pese a la dificultad del terreno, agravada por el doblete sísmico, las experiencias previas —el sismo de Pisco en 2007, el de Ecuador en 2016 y los constantes movimientos telúricos en Lima— llevan a Rita a asegurar que el equipo peruano cuenta con la preparación necesaria para aportar hasta su último grano de arena y salvar a un hermano venezolano. Sin embargo, las dificultades están presentes. “Hay dificultades como ruido constante de los generadores, el olor a los cuerpos, congestión, temperaturas extremas, lluvias tropicales, pero todas son situaciones que nosotros podemos perfectamente resistir estando enfocados en el trabajo y debidamente organizados”, detalla.

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Para Rita, lo ocurrido en Venezuela no es un escenario lejano para el Perú. “Nos tiene que llevar a una reflexión sobre dónde y cómo construimos, esto nos muestra que hay sismos que no te permitirán el lujo de evacuar y en un instante se pueden perder muchísimas vidas”, advierte. Mientras tanto, el equipo USAR continúa firme pese a las temperaturas superiores a 30 °C, las dificultades del terreno y el impacto emocional de la catástrofe. “Estamos constantemente haciendo búsquedas, procesando distintos escenarios con la esperanza de localizar a alguien con vida. En este momento estamos todos enfocados en el trabajo y no hay mucho espacio para descomprimir”, relata la rescatista. En su hogar, la espera su hijo de 11 años, quien la ve como una heroína y le dará un fuerte y caluroso abrazo a su regreso.

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