En 2023, Hong Kong puso en funcionamiento la primera fase de la planta desalinizadora de Tseung Kwan O, marcando un hito: por primera vez, esta región administrativa empleó agua de mar para producir agua potable a gran escala en su sistema público de abastecimiento. La instalación, que utiliza tecnología de ósmosis inversa, capta cerca de 340 millones de litros de agua salada por día y entrega aproximadamente 135 millones de litros de agua dulce, suficiente para abastecer a 137.000 hogares.
El proyecto representa un avance clave para fortalecer la seguridad hídrica de una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Al integrarse directamente en la red pública, la planta reduce la dependencia de fuentes tradicionales como la lluvia, los embalses y los suministros externos. Con un diseño eficiente y sostenible, la infraestructura disminuye el consumo de energía y promueve la reutilización del recurso.
El agua producida cumple con los estándares de suministro público, lo que consolida a Tseung Kwan O como una solución estratégica frente a los desafíos hídricos que enfrenta la región.
Según la Autoridad del Agua de Hong Kong, la planta desalinizadora de Tseung Kwan O tiene actualmente una capacidad de 135.000 m³/día, pero en una siguiente fase prevé duplicarla hasta los 270.000 m³/día. Con su producción inicial, cubre aproximadamente el 5% de la demanda diaria total de agua dulce de la ciudad, lo que —de acuerdo con las estimaciones de RSK Group, firma encargada del diseño y supervisión— equivale a abastecer a unos 137.000 hogares, es decir, cerca de 370.000 personas.
El proyecto busca diversificar las fuentes de agua y reducir la dependencia de las precipitaciones, los embalses y los suministros tradicionales, recursos cada vez más presionados por el cambio climático y el crecimiento de la demanda. Para lograrlo, la planta emplea la ósmosis inversa como tecnología principal: aplica una presión extremadamente alta que fuerza el paso del agua de mar a través de membranas semipermeables, las cuales retienen sales e impurezas. El agua limpia recibe un tratamiento adicional antes de incorporarse a la red municipal, mientras que la salmuera concentrada resultante se separa y gestiona bajo estrictos procedimientos técnicos para minimizar el impacto ambiental. De esta forma, el proceso permite transformar el agua de mar en potable en apenas dos horas.
Todo el proceso, desde el bombeo del agua de mar hasta que se convierte en potable, dura tan solo dos horas, según detalló Andy Kwok, director general de Binnies Hong Kong. La planta no solo destaca por su rapidez, sino que fue concebida con criterios de ahorro energético y optimización de recursos. El sistema de paneles solares instalado reduce en aproximadamente 16,2% el consumo eléctrico de la red en los edificios en funcionamiento. Además, las soluciones de reciclaje y reutilización dentro de la planta lograron disminuir la demanda de agua dulce en cerca de 36,6%, mientras que los dispositivos de ahorro redujeron el consumo en las áreas funcionales en más de la mitad. Para el riego de jardines, se implementó un sistema de recolección de agua de lluvia que reduce en aproximadamente 67% el volumen requerido para esta actividad. De esta manera, la desalinizadora no solo abastecerá a 137.000 hogares, sino que integra tecnologías que maximizan la eficiencia y minimizan el impacto ambiental.
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