Argelia es considerada una joya oculta por su herencia romana, la inmensidad del desierto del Sahara, ciudades con historia colonial y playas de arena fina y color turquesa. Sin embargo, a pesar de su tamaño, su historia y su costa, es uno de los países más difíciles de ingresar para hacer turismo.
A diferencia de sus vecinos Túnez o Marruecos, Argelia no ha desarrollado una industria de turismo masivo. A esto se suma la violencia y la inestabilidad política, especialmente desde la guerra civil de los años 90. Su historia también es impactante: estuvo bajo dominio francés durante más de 130 años y se independizó en 1962 tras una violenta guerra de liberación nacional.
Casi el 90 % del territorio de Argelia está cubierto por el desierto del Sahara, pero no todo son dunas: también abundan desiertos rocosos, cadenas montañosas y formaciones volcánicas. Algo que no es tan conocido es que este país tiene un patrimonio arqueológico romano impresionante, considerado de los mejores del mundo fuera de Italia. Ciudades antiguas como Timgad y Djemila se encuentran muy bien conservadas.
El cuscús lidera la lista de platos más representativos de Argelia, pero el té de menta es otro asunto: se vierte desde cierta altura para generar espuma, se sirve en varias rondas y rechazarlo puede ser casi ofensivo para los locales. Este país del norte de África, en la región del Magreb, tiene como capital a la ciudad de Argel y limita al norte con el mar Mediterráneo, al oeste con Marruecos, al este con Túnez y Libia, y al sur con Níger y Malí. Su población supera los 46 millones de habitantes, con una identidad cultural profundamente arraigada en el mundo árabe y bereber (comunidades indígenas originarias del norte de África). El árabe es el idioma oficial y el francés se usa como lengua común.
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