En 2015, mientras exploraba el Parque Regional Maryborough, una zona vinculada a la histórica fiebre del oro en Australia, el ciudadano David Hole encontró una roca rojiza sobre la arcilla amarilla. Equipado con un detector de metales, el hombre quedó convencido de que en su interior había una pepita de oro. Sin embargo, la pieza no era de este mundo y terminó siendo clave para la ciencia.

Hole llevó la pesada piedra a casa e intentó abrirla de diversas formas: usó sierras, taladros e incluso ácido, pero nada logró atravesar su resistente superficie. La roca, de 17 kg, llamó su atención durante años por su inusual peso en relación con su apariencia. No fue hasta que decidió consultar a los geólogos del Museo de Melbourne cuando se reveló su verdadera naturaleza.

El geólogo del museo, Dermot Henry, realizó estudios y determinó que la roca no contenía oro, sino que se trataba de un meteorito extremadamente raro. Después de cortar una sección con una sierra de diamante, los especialistas descubrieron que era una condrita H5, compuesta en su mayoría por hierro y cóndrulos, pequeñas gotas cristalizadas de minerales metálicos.

El meteorito de Maryborough, con una losa cortada de la masa. Foto: Museo de Victoria

El meteorito de Maryborough, con una losa cortada de la masa. Foto: Museo de Victoria

“Su superficie esculpida y con hoyuelos es típica de los meteoritos que atraviesan la atmósfera”, explicó el experto. Bill Birch, otro geólogo del museo, añadió: “Si una roca terrestre tuviera esta densidad, levantarla sería casi imposible”. Los investigadores sostienen que el meteorito de Maryborough es mucho más raro que el oro, lo que lo hace mucho más valioso para la ciencia. Es uno de los únicos 17 ejemplares registrados en el estado australiano de Victoria y es la segunda masa condrítica más grande, después de un enorme ejemplar de 55 kg identificado en 2003. “Los meteoritos constituyen la forma más económica de exploración espacial. Nos transportan al pasado, proporcionándonos pistas sobre la edad, la formación y la química de nuestro Sistema Solar (incluida la Tierra)”, dijo Henry. Los expertos estiman que este meteorito tiene unos 4.600 millones de años, lo que lo sitúa en los primeros momentos de formación del Sistema Solar. Su origen podría encontrarse en el cinturón de asteroides, situado entre Marte y Júpiter. Las colisiones entre asteroides pudieron haberlo empujado hacia la Tierra, donde ha permanecido entre 100 y 1.000 años, según análisis de carbono. Aunque es difícil precisar cuándo llegó exactamente, se han documentado avistamientos de meteoros en Australia entre 1889 y 1951, lo que podría coincidir con su llegada. Cóndrulo de piroxeno radial formado en el meteorito de Maryborough. Foto: PRSV

Cóndrulo de piroxeno radial formado en el meteorito de Maryborough. Foto: PRSV

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