Brisa. Foto: Marco Cotrina.

En un contexto marcado por la inmediatez, el jazz propone una experiencia estética y sensorial más pausada. Así lo entiende la cantante peruana Brisa, quien este domingo 5 de julio ofrecerá su primer concierto en El Cielo de Arequipa, en la Ciudad Blanca. La artista, de 22 años, regresa a Lima tras perfeccionar su técnica en Londres, donde estudió jazz al no encontrar una escuela especializada en la capital peruana. Allí también se midió con públicos acostumbrados a la riqueza plástica y expresiva de este género.

En 2025, Brisa lanzó el EP de cinco canciones Del mar y sus recuerdos, una producción que no solo evidenció su talento, sino también su apuesta por un registro que, según ella, debería ser más escuchado. El disco incluye temas de Chabuca Granda, Vicentico Valdés, Álvaro Carrillo Alarcón y Los Panchos, artistas que marcaron la segunda mitad del siglo XX pero que hoy no son muy escuchados por las nuevas generaciones. “El arte no debe ser consumido rápidamente”, sostiene la cantante, para quien el EP es un testimonio para no olvidar a esos grandes músicos. Sobre el jazz, la vocación y el concierto de este domingo, La República conversó con Brisa.

El jazz, según Brisa, es una experiencia que va más allá de la simple escucha. En sus conciertos, el público se sienta en mesas, compartiendo con familiares o amigos, retomando así la raíz orgánica del género. Durante su estadía en Londres, solía frecuentar bares de jazz y se nutrió de esa vivencia. Además, destaca que el músico de jazz se reinventa en cada presentación, lo que hace que el género dialogue con la intimidad del espectador.

Consultada sobre la escena local, la artista considera que sí existe jazz en el Perú, pero aún no termina de cuajar ni sale más a flote. Ella se siente parte de ese movimiento y reconoce que hay músicos jóvenes de su edad e incluso un poco mayores. Se está formando un público que busca jazz, aunque por alguna razón el género no termina de consolidarse.

Entre los músicos que la marcaron, Brisa menciona a Duke Ellington. Los primeros discos de jazz que escuchó fueron de él, y recuerda especialmente “Mood Indigo”, un arreglo que dura cerca de 15 minutos. Para su época, era una de las canciones más extensas. “El jazz es para tener paciencia”, afirma. Cuando Ellington hizo ese arreglo, fue como ir contra la corriente. “Yo creo que el arte no debe ser consumido rápidamente. El arte no es comida rápida. El verdadero arte te suspende en el tiempo”, sostiene.

Fuera del jazz, Brisa también se sintió marcada por De todas las flores de Natalia Lafourcade, por su fusión de géneros. Igualmente, admira a Rita Payés, trombonista y cantante de jazz y bossa nova, quien se hizo muy conocida por su versión de “Algo contigo”.

Brisa sostiene que el jazz, como la poesía, no admite la mentira, y que el público que lo aprecia es especial porque busca una desconexión en un mundo donde todo es muy rápido. “El jazz te permite una conexión más cercana con la música”, afirma. Por eso no le interesa tener un público instantáneo y superficial: “Si tengo que demorarme 10 años en tener un público fiel, pues espero. Yo quiero que el público me escuche desde el corazón”. Reconoce que no es fácil construir una audiencia para este género, pero prefiere la fidelidad a la masividad. En su concierto del año pasado logró reunir a 600 personas, cifra que considera aceptable porque “el jazz no es masivo y, como te dije, el jazz es una experiencia”.

La cantante explica que ser músico de jazz implica un proceso difícil, como el que vivió Charlie Parker, a quien le llevó mucho tiempo convertirse en el artista que fue. “En ese proceso sufrió mucho. Hay un misterio, como en la poesía y los poetas, quizá porque se siente demasiado cuando se hace jazz”, señala. Ha investigado la vida de otros músicos, como Billie Holiday, quien sufría de depresión y ansiedad, y eso se reflejaba en sus canciones. Brisa también admira a Chabuca Granda por la intensidad de sus letras y su forma de cantar, y destaca que ella trabajaba con músicos que sentían lo que interpretaban, no eran simplemente contratados. “Los músicos con los que me presento sienten del mismo modo mi propuesta, son mis cómplices. Yo no soy sin los músicos que me rodean. Tienen un papel importante en lo que hago”, concluye.

“Nunca antes he estado en Arequipa”, confiesa Brisa, quien se presenta por primera vez en la ciudad. “Eso me emociona, porque voy a conocer un lugar en el que también voy a cantar”. La artista asegura que sus seguidores arequipeños le pedían “muchísimo” que llevara su propuesta. Las entradas están disponibles en Ticketmaster.

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