La escritora peruana Karina Pacheco reflexiona sobre la memoria, los silencios familiares y las heridas de la violencia en “El bosque de tu nombre”, novela recientemente reeditada por Alfaguara. Ambientada en la guerra civil guatemalteca, la obra trasciende la ficción para dialogar con el presente del Perú: el racismo persistente, la impunidad y la dificultad del país para enfrentar su pasado.
En entrevista con Correo, Pacheco señala que la novela tiene hoy “más vigencia ahora que cuando fue publicada por primera vez”. Explica que “estamos viviendo un mundo donde muchos de los avances importantes en cuestiones de género, derechos humanos, libertades y trabajo de la memoria están atravesando tiempos adversos. Parecía que eran conquistas que se estaban consolidando, pero hoy vemos fuertes retrocesos”.
La autora aborda la necesidad de entender la memoria no como un simple ejercicio del recuerdo, sino como una herramienta para comprender las heridas aún abiertas en la sociedad peruana. “Nunca terminamos de conocer completamente a nuestros padres ni a nuestra familia. Y en ese descubrimiento se nos va la vida, porque no somos completos si no entendemos los silencios y secretos familiares”, afirma sobre el tema central de la obra: Ariel descubre secretos familiares y se enfrenta a esos silencios.
Al ser consultada sobre cómo ha sido reencontrarse con la novela después de 13 años, Pacheco responde: “La verdad es que lo que más me ha sorprendido es que la novela mantenga una actualidad, y quizá una vigencia mayor a la que tenía hace trece años”.
“No sé por qué en el Perú seguimos cayendo en el error de creer que para ser un país moderno solo tenemos que mirar hacia adelante y no curar las heridas del pasado, ni siquiera mirarlas”, responde Karina Pacheco al ser consultada sobre si el país tiene una deuda con la memoria. Para la escritora, en términos personales jamás aceptaríamos dejar nuestras heridas sin sanar, pero como sociedad sí lo hacemos. Ese olvido deliberado es parte de un problema mayor: hemos descuidado el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Según Pacheco, los países que más han avanzado en la historia —no solo en el Perú sino en el mundo— son aquellos que han fortalecido sus instituciones e invertido en educación, salud, nutrición y en el cuidado de los niños, no solo en su nacimiento, sino en sus oportunidades de vida. “Si queremos avanzar como país, debemos dejar la idea de que solo quien tiene dinero accede a la calidad. Mi apuesta es por lo público”, afirma.
La autora sostiene que la educación, la salud y la nutrición de calidad deberían ser un compromiso común. No es solo una cuestión de ética, sino también de sentido de belleza y de justicia. “La verdadera elegancia no está en acumular, sino en compartir. La ostentación me parece una forma pobre de entender la vida. La belleza está en la discreción y en el bien común”, agrega.
En cuanto al efecto del silencio en las familias, Pacheco explica que cuando alguien es obligado a callar, o cuando se obliga a otros a callar, se genera una bomba de tiempo emocional. Ese dolor, advierte, tarde o temprano se manifiesta de muchas maneras. Por eso, insiste, la memoria es importante. Para escribir su novela, la escritora leyó mucho sobre Guatemala y a sus poetas, como el maya quiché Humberto Ak’abal, de quien rescata un poema que dialoga con estas reflexiones sobre el pasado y el presente.
La sociedad humana no habría podido avanzar sin detenerse a aprender del pasado, y el pasado no solo enseña cómo hacer las cosas, sino también cómo no hacerlas, cómo evitar repetir errores. “A veces camino al revés, es mi forma de recordar. Si caminara siempre hacia adelante, te podría contar cómo es el olvido”. Para la escritora Karina Pacheco, ese verso lo dice todo. El ejercicio de la memoria no es solo honrar a los muertos, sino aprender para ser mejores. No es solo mirar adelante, sino también mirar atrás para recorrer mejor el futuro. En su novela también aparecen temas como el racismo y el indigenismo, y ella explica que siguen vigentes porque “seguimos arrastrando una colonización mental de la que no nos hemos liberado”. En países con una enorme herencia indígena, como el Perú o Guatemala, el racismo suele ser más fuerte precisamente por la dificultad de reconocer esa grandeza histórica. “No se trata de superioridad, sino de mirarnos de igual a igual. Yo vengo del Cusco, de una cultura milenaria, y eso me ha enseñado a no sentirme inferior a nadie. Cuanto más asumimos nuestras múltiples raíces, más plenos somos como sociedad”.Ver esta publicación en InstagramSobre el rol de la literatura frente a la polarización y la desinformación, Pacheco sostiene que “la literatura permite vivir otras vidas y otras perspectivas. Te hace hacerte preguntas que nunca te habías hecho. Los buenos libros no siempre te dan respuestas, muchas veces te dejan más preguntas”. Y eso es valioso, porque te abre la mente. Además, la literatura llega a públicos mucho más amplios que los textos académicos o ensayísticos.Una publicación compartida de Penguin Perú (@penguinlibrospe)
¿Cuál es la herida más profunda que deja “El bosque de tu nombre”?
“La impunidad del abuso de poder”, responde la autora. Para Karina Pacheco, esa impunidad termina carcomiendo a toda la sociedad, incluso a quienes creen beneficiarse de ella. La justicia, la reparación y la memoria no son solo actos éticos, sino formas de construir sociedades más bellas y más justas.
SOBRE LA AUTORA
Karina Pacheco, escritora y doctora en Antropología por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado siete novelas aclamadas. Nacida en Cusco, Perú, en 1969, debutó en 2006 con “La voluntad del molle” y en 2022 fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura. Además de su labor como escritora y académica, dirige Ceques Editores.
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