El peligro climático que se cierne sobre el Perú no tiene nada que ver con el comportamiento del candidato perdedor de las elecciones presidenciales, sino con el inminente Fenómeno El Niño que podría golpear la economía nacional durante el último trimestre de este año y el primero del próximo. Según el ENFEN, ya enfrentamos un evento de alta intensidad, aunque los efectos más destructivos llegarían recién en diciembre con las lluvias. Si el fenómeno costero se combina con El Niño global, podríamos estar ante un "Súper Niño" de consecuencias impredecibles.

A pesar de que pronosticar el clima es complejo y las predicciones son imprecisas, es altamente probable que en pocos meses suframos un evento climático grave para el cual debemos prepararnos. Sin embargo, el avance en inversión pública para prevención ha sido mínimo. La escasa labor de preparación resulta alarmante en las regiones más vulnerables a las lluvias. Según datos del MEF, en lo que va del 2026, Tumbes ha ejecutado apenas el 2.7% de su presupuesto para atención de emergencias por desastres, mientras que Piura alcanza un 26.7% y Lambayeque un 38.8%.

La Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) inició el 2026 con un grave déficit presupuestal: recibió 2,779 millones de soles frente a los 8,300 millones requeridos. Esta carencia dejó sin financiamiento proyectos prioritarios de defensas ribereñas y drenajes, precisamente en Tumbes y Lambayeque, las zonas más expuestas a las lluvias. La necesidad de acciones gubernamentales inmediatas es urgente para mitigar el impacto de un fenómeno que podría ser devastador.

El calendario político agrava aún más el tradicionalmente letárgico comportamiento del sector público peruano. A la demora en la proclamación de la ganadora de las elecciones presidenciales —que impide iniciar las labores de transferencia del gobierno nacional— se suma la realización de elecciones regionales y municipales en noviembre. Con las nuevas autoridades subnacionales asumiendo recién en enero, los trabajos de mitigación frente a El Niño se verán perjudicados por el cambio de los gobiernos locales.

Resulta indispensable, por ello, que el nuevo gobierno coordine desde un comienzo con las autoridades subnacionales y respalde a las regiones más vulnerables. Sin embargo, la transferencia gubernamental se retrasa por la prolongada resolución del proceso electoral y las acciones dilatorias del perdedor. Frente a esta situación, el gobierno saliente debería iniciar la transmisión de información a los equipos técnicos de la nueva administración incluso antes de la proclamación oficial por parte de las autoridades electorales.

Tanto el gobierno saliente como el entrante deben actuar proactiva y coordinadamente durante las próximas cinco semanas. Para enfrentar con relativo éxito esta compleja coyuntura climática y evitar que la polarización política obstaculice las labores de prevención y mitigación, será necesario demostrar apertura desde el inicio y convocar a especialistas de todos los sectores, para aunar esfuerzos por el bien común. Oficialismo y oposición tienen un gran reto por delante; esperemos que estén a la altura de las circunstancias extremas que estarían avecinándose.

Leer artículo completo en gestion.pe →