José Luis Chilavert, leyenda viviente del fútbol paraguayo, vuelve a ser noticia por sus declaraciones. El histórico arquero, reconocido por su liderazgo dentro de la cancha donde gritaba, puteaba y mandoneaba, ahora despotrica sin filtro. Aunque es un crack, nunca pudo ser entrenador porque, según él mismo, no sabe de tácticas ni estrategias.
En esta ocasión, maleteó a Gustavo Alfaro por decir la verdad: que Paraguay era inferior a Alemania. Chilavert sostiene que si le hubieran hecho caso de ir al ataque, “la Albirroja se comía siete”. Ahora, la selección guaraní enfrenta a la poderosa Francia, que tiene “marcadores que son unos cuchillos, volantes que dibujan cuadros y delanteros perfectos con gol, gambeta y velocidad”. Para el paraguayo, este Mundial “es táctico, muy físico y para inteligentes”, y solo dos selecciones pueden jugarle de igual a igual al equipo de Mbappé: Argentina y España. Las demás, afirma, tienen que ingeniárselas con sus mejores armas.
Mientras tanto, en Lima, un exfutbolista que se fue de un grande y “se la llevó en carretilla” renovó la amistad con una flaca de Alcanfores. El patita, que no tiene equipo, encontró en la capital peruana su mina de oro: lo llaman para hacer podcast y es imagen de productos. Por eso pasa más tiempo por estos lares que en su tierra y, como no le gusta dormir solito, llamó para que lo apapachen. Provecho.
El norteño que dejó un grande para jugar en su país se escapó a darle el último beso a su rulitos. Se dice que el encuentro estuvo cargado de fuego y pasión; él terminó empapado y ella bien doradita por el calor que se dieron. Huuuuumm…
El caso del zambo que se alucina patrón merece análisis
Ahora, el zambo se fue al norte a jugar en el ‘fútbol macho’, tuvo un buen debut, golearon al rival y, emocionado, tuvo más sed que un camello. Asuuuuuuuu... Me voy, soy fuga. La firme es que su caso es digno de ser analizado: apareció como una ‘estrella’, se fue a Alemania, luego a los ‘Yunaites’ y regresó al Perú sin pena ni gloria. Descendió con tres equipos, empezó a vender lo que tenía porque la plata se le acababa, pero siempre andaba con mucha sed.
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