En la cordillera de Cajamarca, a más de 3.500 metros de altitud, se encuentra Cumbemayo, un singular sistema hidráulico esculpido en roca volcánica que genera gran interés en la arqueología andina. El arqueólogo peruano Julio C. Tello inició los estudios sistemáticos de este complejo preincaico en 1937, vinculándolo a una tradición tecnológica anterior al dominio de los incas. Investigaciones posteriores sugieren que su construcción data del periodo formativo andino, específicamente entre los años 1500 y 1000 a. C.

Este célebre sitio destaca por su entorno de formaciones volcánicas y un acueducto pétreo que atraviesa la montaña. Su diseño arquitectónico presenta trazos lineales y segmentos en zigzag, una técnica precisa para controlar la velocidad del agua y evitar la erosión del lecho rocoso. Investigaciones arqueológicas modernas estiman que la red principal de este sistema preincaico alcanzó una longitud de entre 8 y 9 kilómetros.

La zona integra petroglifos, abrigos rocosos y estructuras que los expertos interpretan como "espacios rituales", lo cual demuestra que la obra poseía fines ceremoniales vinculados al culto al agua, además de sus funciones de ingeniería. Su misticismo mágico-religioso cautiva a miles de turistas del mundo que visitan Cajamarca.

Cumbemayo asombra con sus imponentes farallones en Cajamarca, Perú. Sus caprichosas formas de frailes en procesión crean Los Frailones.

El acueducto de Cumbemayo fascina como joya hidráulica preincaica. Su monumental obra de ingeniería hidráulica, tallada sobre roca volcánica, sigue siendo objeto de estudio por parte de científicos que exploran su posible conexión entre océanos, un misterio que aún no se ha resuelto por completo.

El canal se encuentra a más de 3.500 msnm, a 7.5 km de la ciudad de Cajamarca. Foto: Hidráulica Inca

El canal se encuentra a más de 3.500 msnm, a 7.5 km de la ciudad de Cajamarca. Foto: Hidráulica Inca

Ubicado a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar y a 7.5 kilómetros de Cajamarca, este canal preincaico captaba recursos hídricos de lluvias y manantiales en las laderas occidentales de los Andes. Su construcción, atribuida a la cultura Cajamarca temprana, muestra evidencias de un uso prolongado durante varios siglos, según los expertos. El agua recolectada abastecía reservorios locales y zonas de cultivo. Además, el entorno alberga grutas con grabados y formaciones rocosas antropomorfas y felinas, lo que añade una dimensión simbólica y sagrada al paisaje.

Los científicos describen el complejo como una estructura de alta precisión para su época, con canales de entre 30 y 50 centímetros de ancho y pendientes leves que garantizaban un flujo constante. Este diseño, según los autores, evidencia un conocimiento avanzado de hidráulica empírica en sociedades andinas tempranas. Aunque algunos investigadores analizan su posible conexión entre océanos, su función exacta sigue siendo objeto de debate académico.

La idea de que este acueducto preincaico traslada recursos hídricos desde el Pacífico hasta el Atlántico surge de una hipótesis planteada por Georg Petersen en 1947. El investigador sostuvo que la estructura atravesaba la divisoria continental andina para abastecer a la cuenca del Amazonas, lo que representaría un flujo indirecto hacia el océano oriental. Sin embargo, las evaluaciones arqueológicas y geográficas contemporáneas modificaron de forma sustantiva esta interpretación inicial.

La hipótesis original sobre un enlace interoceánico responde más a especulaciones cartográficas de la época que a mediciones hidrológicas precisas, según la evidencia científica actual. El sistema hidráulico capta aguas pluviales locales y flujos de la vertiente occidental, descartando un trasvase real entre cuencas. El curso del agua permanece confinado dentro de las redes hidrográficas regionales de Cajamarca, sin consolidar un nexo físico funcional. Aun así, la ubicación del monumento cerca de la divisoria de aguas mantiene activa la discusión teórica debido a su carga simbólica. Diversos especialistas afirman que su valor real radica en una función ritual asociada a la gestión y sacralidad del paisaje. Actualmente, la comunidad científica coincide en que "la 'conexión entre océanos' se entiende hoy más como una construcción interpretativa histórica que como un hecho físico comprobado".

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