La venta presencial de una parte significativa del aforo de Machu Picchu está generando un escenario de incertidumbre entre los viajeros que llegan al Cusco en plena temporada alta. Para conseguir uno de los 1,000 pases diarios disponibles, muchos turistas se ven obligados a pernoctar más días de los previstos, con la esperanza de no irse del país sin conocer la ciudadela inca.
Sin embargo, esta dinámica ya está modificando las evaluaciones de viaje y, según Carlos González, presidente de la Cámara Regional de Turismo del Cusco (Cartuc), está empezando a desplazar al Perú de las listas de destinos. El especialista advierte que el principal temor es ir en un camino distinto al que exige el perfil del turista que elige el país.
“De los 4,600 o los 5,400 boletos, tenemos que forzar a 1,000 viajeros a que vayan a sufrir una peripecia en el pueblo de Machu Picchu; un viajero culto, un viajero educado, un viajero sensible no va a querer pasar por ese trauma. Estamos ocasionando que aproximadamente un 20% de nuestros viajeros potenciales deje de venir”, sostuvo González.
El representante de Cartuc resaltó que los tres principales motivadores de viaje al Perú son la cultura, el paisaje y la gastronomía. “Eso significa que nosotros no somos un destino para un viajero más frívolo que busca solo sol y playa, quien viene a Perú es un viajero más educado que el promedio”, afirmó.
Según el análisis, el impacto económico es contundente: “Estamos hablando de que el promedio de gasto de cada uno de esos visitantes es de US$ 1,200 por viaje. Debemos multiplicar ello por los 1,000 boletos diarios. Son 1,000 oportunidades menos de venta al viajero objetivo que queremos para el país”. A esto se suma que la economía local funciona como un circuito cerrado. “Por cada puesto de trabajo de turismo, hay cinco personas que dependen indirectamente de él. Entonces, uno de cada cinco peruanos depende de lo que pasa en Machu Picchu”, destacó.
Más allá de las cancelaciones y reprogramaciones, el riesgo mayor es la pérdida de confianza internacional. González precisó que, más que anulaciones de paquetes, se están dando postergaciones en las decisiones de compra. En suma, las preferencias se están reconfigurando. “Todos hablan maravillas de nuestra cultura, pero hay que recordar que en el mundo hay cientos de lugares que también tienen una propuesta como la nuestra. Entonces, el viajero no dice ‘Nunca voy a ir a Perú’; dice: ‘Ahora no se dan las condiciones para ir a Perú’. [...] Perú se sigue quedando en el bucket list, sigue siendo una ilusión en el imaginario de millones de viajeros potenciales, simplemente porque no tiene una política de Estado que sea firme en su objetivo de atraer a ese viajero”, advirtió.
El CEO de Casa Andina y vicepresidente del gremio, Juan Stoessel, señaló que la única solución al problema es retornar a la venta prepandemia: “Que el 100% de las entradas se vendan a través de la plataforma. La plataforma, por supuesto, hay que mejorarla”. En esa línea, advirtió que “el Perú está recibiendo un millón de turistas menos que en 2019”. Stoessel coincidió en que “las entradas que se venden en boletería han generado un problema terrible con el tema de imagen, porque las personas saben que tienen que dedicar hasta 3 días de su viaje, que dura más o menos 11, a conseguir una entrada”. Como consecuencia, explicó, “lo que hacen es cambiar de destino, porque quienes vienen por primera vez al Perú de vacaciones lo hacen por Machu Picchu. Si no hay Machu Picchu, cambian de ruta”.
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