Con el fin del ciclo de Renovación Popular en la Municipalidad de Lima, el balance es claro: la ciudad no se convirtió en la potencia urbana que se prometió. El nuevo alcalde heredará una urbe de casi doce millones de habitantes, atrapada entre un tránsito cada vez más caótico, una inseguridad que sigue encabezando las preocupaciones vecinales, demandas millonarias y proyectos polémicos que muchos limeños aún buscan en Google Maps. La brecha entre el discurso político y la realidad cotidiana se ha ensanchado.
Ahora, tres aspirantes pugnan por el histórico sillón de Nicolás de Ribera. Carlos Bruce aparece como el favorito de la burguesía limeña; representa una Lima moderna y ordenada, pero esa es solo una pequeña parte de la capital. La mayoría vive en la periferia, donde las prioridades son seguridad, transporte, empleo y servicios básicos, bastante antes que las ciclovías o un Serenazgo equipado con tecnología de última generación. Alberto Tejada llega con credenciales sólidas: es médico, administrador eficiente y tuvo una gestión reconocida en San Borja. Su principal obstáculo no parece ser su capacidad, sino el deterioro de Acción Popular. Francis Allison también exhibe experiencia y resultados: Magdalena del Mar se ha consolidado como uno de los distritos mejor administrados en seguridad y orden urbano. Conoce la gestión pública y sabe comunicar.
El partidor ya está listo y los limeños no elegirán solo un alcalde: decidirán quién gobernará una ciudad que comienza mucho antes de Miraflores y termina más allá de San Isidro. Aún es temprano para saber si la historia se repetirá, pero surge un nombre poco conocido para el gran público: Samuel Daza, alcalde de Ancón, ingeniero, surfista, músico y padre de familia. Respaldado por Fuerza Popular, recuerda una práctica frecuente: que el gobierno nacional procure contar con un aliado en la Municipalidad Metropolitana. Belaúnde tuvo a Orrego; García, a Del Castillo; Daza tiene madera para lograrlo.
Mientras tanto, Daniel Urresti intenta volver a la competencia, pero el personaje frontal que alguna vez conectó con un amplio sector del electorado ya no produce el mismo impacto. El tiempo pasa factura, y las circunstancias también. Renovación Popular buscará retener la alcaldía con un nuevo candidato, que cargará el peso de una gestión cuyo balance le pasará la factura, inevitablemente. Ese peso recaerá sobre Rafael López Aliaga, que parece convencido de que ya ganó. El problema es que una gran mayoría de limeños está cada vez más lejos de creerle.
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