Con al menos 1500 fallecidos y cientos de desaparecidos bajo los escombros, el pueblo venezolano atraviesa sus horas más críticas tras los terremotos del miércoles pasado. La fuerza del remezón provocó el desplome de numerosas estructuras, agravando una situación que ya era insostenible. Venezuela arrastraba 26 años de un sistema de gobierno empobrecedor que limitó el crecimiento, el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida. A esa crisis previa se sumaron los sismos de la semana pasada: ha llovido sobre mojado.
Por eso, el país caribeño merece todo el apoyo que pueda darle el Perú y el resto del mundo. Es el momento de la acción, y bien que el Perú se haya hecho presente con el envío de ayuda humanitaria y una brigada de 40 bomberos expertos en este tipo de emergencias, todos a bordo de aeronaves de la FAP. Ellos merecen todo el respaldo de nuestras autoridades y los ciudadanos. El sector privado también puede aportar con sus donaciones.
En el dolor y la necesidad no hay diferencias de ningún tipo. Perú y Venezuela no mantienen relaciones diplomáticas en ningún nivel desde hace dos años, pero eso debe quedar de lado. La solidaridad y empatía con el pueblo hermano afectado están por encima de cualquier diferencia política e ideológica. Es el momento de actuar unidos, sin distinciones.
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