Reconstrucción de la vida de un dinosaurio en la Antártida del Cretácico. Foto: Andrew McAfee / Museo Carnegie de Historia Natural.
El cuaderno de campo junto a la primera vértebra fósil de dinosaurio encontrada en la Antártida. Foto: British Antarctic Survey
El geólogo Mike Thomson documentó originalmente la pieza en un cuaderno de campo fechado el 9 de diciembre de 1985. Junto a un pequeño dibujo del fósil, escribió la descripción "vértebra de un gran reptil" y anotó que medía aproximadamente 10 centímetros de ancho. Según Evans, quienes encontraron el fósil probablemente creyeron que pertenecía a un reptil marino, pero al examinarlo notó que la vértebra tenía características propias de un dinosaurio y comprendió que, por la fecha del hallazgo, podía tratarse del primer fósil de dinosaurio descubierto en el continente antártico.
Para verificar la identificación, Evans recurrió a Paul Barrett, paleontólogo del Museo de Historia Natural. "Aunque no parece gran cosa a simple vista, en realidad tiene una forma muy característica", señaló Barrett mientras sostenía el fósil. El investigador explicó que la vértebra presenta una cavidad en uno de sus extremos y una prominencia redondeada en el otro, una estructura que permite que las vértebras formen articulaciones de tipo bola y cavidad desde la cabeza hasta la cola. "En cuanto la vi, supe con qué estábamos tratando... era absolutamente seguro que se trataba de un titanosaurio", afirmó. "Esta es una combinación de características completamente exclusiva de este tipo de dinosaurios".
Hasta la fecha se han identificado más de cien especies de titanosaurios en distintas partes del mundo. Todos eran dinosaurios herbívoros de cuatro patas, con cuellos muy largos que les permitían alcanzar la vegetación de los árboles y colas extensas que ayudaban a equilibrar sus enormes cuerpos. La forma de la vértebra confirmó que pertenecía a un titanosaurio, un dinosaurio que habitó una Antártida cubierta de bosques.
Los ejemplares más grandes de este grupo de dinosaurios superaban los 35 metros de longitud y alcanzaban unas 60 toneladas de peso. Sin embargo, a partir del tamaño de la vértebra hallada en la Antártida, los investigadores estiman que este individuo medía alrededor de siete metros de largo. "Tal vez era un dinosaurio juvenil, o quizá era realmente un ejemplar pequeño, uno que rompía la tendencia del resto del grupo al ser un adulto de menor tamaño", explicó Barrett.
Los científicos consideran que este animal vivió hace aproximadamente 82 millones de años, cuando la Antártida estaba cubierta por frondosos bosques que ofrecían abundante alimento para los grandes dinosaurios herbívoros. Aunque después de 1985 se descubrieron otros fósiles de dinosaurios en el continente, siguen siendo muy escasos debido a las difíciles condiciones de exploración y a que el hielo oculta gran parte del registro fósil conservado en las rocas.
Para Barrett, este hallazgo aporta información valiosa sobre un continente que en el pasado fue muy diferente. "Demuestra que un lugar que hoy consideramos realmente inhabitable fue, en realidad, un sitio muy habitable y que albergó una enorme variedad de seres vivos", explicó. Además, añadió que este tipo de descubrimientos "nos está ayudando a comprender cómo encajaban estos animales dentro de los ecosistemas que existían en el extremo más austral del mundo hace unos 80 millones de años".
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