“Con la salsa me identifico mucho porque considero que el flamenco y la salsa son como primos hermanos”, afirma a Correo Niña Pastori, quien no oculta su entusiasmo ni su orgullo por su más reciente álbum, “Color Fania”. En este proyecto, la “cantaora” española reinterpreta clásicos de la Fania All-Stars, explorando la profunda conexión emocional entre ambos géneros. “Hay mucho más en común de lo que pensamos, por eso, este proyecto me ha hecho muy feliz porque he interpretado un gran repertorio con el que he llorado y me he emocionado mucho. Se me ha puesto la piel de gallina todo el rato escuchando a Celia Cruz, Willie Colón, Rubén Blades y Héctor Lavoe. Es una maravilla la Fania, haberlo llevado a mi terreno, a mi forma de sentir y crear, es un privilegio”, agrega la talentosa artista.
Consultada sobre cómo afrontó el desafío de trabajar con un material tan legendario, responde que lo hizo “con mucha naturalidad, sin miedo y tratando de fluir”. Aclara que lo fundamental es el respeto: “amo la música y es mi vida entera. Llevo cantando desde los 9 años, nada de lo que hago es a la ligera, a la música siempre le he puesto todo mi corazón, y sobre todo respeto, pero a la vez en el proceso hay que dejarse llevar, divertirse y crear”. Su objetivo fue aportar una visión propia y honesta a esos clásicos consagrados, disfrutando del proceso creativo sin temor al riesgo artístico.
“Las canciones son como los vestidos, hay que probárselos para ver si te quedan bien o no”, explica Niña Pastori sobre el método que usó para armar el repertorio de su nuevo álbum. En ese proceso, la artista hizo maquetas de muchas canciones y seleccionó las que mejor le sentaban. Entre los hallazgos, descubrió que los temas de Rubén Blades “son muy complejas y difíciles de interpretar, aunque al oírlas interpretadas a él parezcan fáciles porque su forma de cantar te atrapa”.
Consultada sobre si el espíritu original de la Fania —el sello que reunió en Nueva York a talento latino de diversas nacionalidades— se recrea en su disco, la cantante responde que sí, totalmente. “En la música ya todo está inventado, lo único que uno puede hacer ahora es aportar su propia sensibilidad y su forma de sentir las cosas para transmitirla de la mejor manera”, sostiene. Agrega que hay que acercarse a estas producciones “con humildad, ofreciendo tu versión con cariño y verdad, sin competir con nadie”.
En un contexto donde las tendencias musicales suelen ir por otro lado, Niña Pastori considera “fundamental” que un artista mantenga sus propuestas originales y haga la música que realmente le gusta. “Hay que intentar mantener siempre un equilibrio, pero los que me conocen de verdad saben que nunca he hecho un disco igual al anterior, siempre he buscado irme a ‘otra orilla’ y hacer algo diferente para sentirme viva”, afirma. Para ella, “la honestidad en el arte es algo que ni se compra ni se vende, y cada artista debería defenderla con uñas y dientes”, pues “el estado personal y las ganas son muy importantes” y en el arte hay que actuar según lo que uno siente.
La cantante reconoce que, aunque cuesta y a veces hay que pelear, ella se ha enfrentado poco a su disquera. “Cuando he sentido que debía decir ‘esto no lo voy a hacer’, con el tiempo me he alegrado muchísimo”, afirma. “Sigues pensando que no estabas equivocada y te sientes bien por haber mantenido tu postura”. Aunque mucha gente le pide que vuelva a discos como el de “María” (2002), ella aclara: “yo ya no soy esa María”. Prefiere equivocarse haciendo lo que siente, porque “a la larga te alegras y duele menos que hacer algo impuesto”. Niña Pastori sostiene que el público no es tonto y percibe la autenticidad del artista, por eso ahora mismo está haciendo lo que le apetece.
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