COLUMNA ‘FÍSICA Y MENTALMENTE SALUDABLES’. El movimiento físico actúa como un motor natural para el sistema digestivo. Al caminar, trotar, bailar, entrenar en el gimnasio o practicar pilates y yoga a diario, se estimulan los músculos del abdomen y del colon. Esta activación acelera el peristaltismo, los movimientos involuntarios del intestino que empujan los desechos, y reduce el tiempo que los alimentos tardan en atravesar el colon. De esta forma, se evita que el cuerpo absorba agua en exceso de las heces, manteniéndolas más blandas y fáciles de evacuar.
Disciplinas como el yoga y el pilates, además, reducen drásticamente el estrés, un factor psicológico que suele paralizar el tránsito intestinal. Para potenciar este efecto y combatir la constipación de forma integral, se recomienda tomar cuatro vasos de agua al día e incluir seis alimentos clave en la dieta diaria: ciruelas, ricas en fibra y sorbitol (un laxante natural); semillas de chía, que forman un gel que suaviza las heces; pitajaya, una superfruta que ayuda a ablandarlas; avena, con fibra soluble que mejora la consistencia fecal; kiwi, que contiene actinidina, una enzima que acelera el tránsito; y legumbres, que aportan altas dosis de fibra para el bolo fecal.
Por último, la digestión requiere calma. Es importante reservar un momento diario de total tranquilidad y paz para sentarse en el inodoro, sin prisa ni distracciones, permitiendo que el cuerpo se relaje y responda al estímulo natural, sin forzarlo.
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