El Búho describe la coyuntura política como un bufé de comida regional e internacional. En sus ‘Piqueítos’, Keiko Fujimori ya disfrutó una porción de sushi con salmón y lo asentó con un té naranja, mientras que Roberto Sánchez saboreó un chanchito al palo con salsa avinagrada y tomó agüita de boldo para calmar el hígado. Balcázar pidió un picante de papa con cuy frito y ají rojito. “Sé que se les hace agua la boca con mis ‘Piqueítos’, pero recuerden, el que se pica pierde”, advierte.
Para el columnista, Keiko ya ganó. Su triunfo está definido y va a juramentar, así Sánchez siga con sus pataletas. La lideresa de Fuerza Popular aprendió de las tres campañas previas en las que perdió y fue clave que haya puesto más personeros en zonas de la sierra sur como Ayacucho, Puno y Cusco, donde obtuvo más votos que las veces anteriores. Eso fue decisivo para su victoria. El país espera que haya madurado, que haya asimilado las lecciones de la vida y que demuestre madurez para gobernar, pues ella también hizo tremendos berrinches cuando en 2016 perdió ante Pedro Pablo Kuczynski.
Por otro lado, Sánchez está en negación. El candidato de Juntos por el Perú debe dejar de hacer rabietas, admitir su derrota y felicitar a su contrincante, como hizo el izquierdista Iván Cepeda en Colombia con Abelardo de la Espriella. “Sería lo mejor para él, si quiere tener un futuro político, y sobre todo para el país que necesita reconciliación”, concluye.
Ante el panorama de un Perú partido y enfrentado, ningún político debería azuzar odios ni revanchismos; es hora de buscar la unidad. Mientras radicales de izquierda incitan rencores para desatar violencia, sobre todo en regiones, Sánchez debería desmarcarse de forma clara.
En este contexto, Keiko debe saber tender puentes, ser dialogante con todas las tiendas políticas y alcanzar acuerdos. Su gabinete tiene que ser de consenso y estar integrado por los mejores técnicos y los más capaces, a diferencia de lo que hizo Pedro Castillo, que eligió a los peores, como cuando nombró al hoy prófugo Juan Silva ministro de Transportes y Comunicaciones solo ¡porque tenía brevete! Como señaló Augusto Álvarez Rodrich en entrevista con Trome, es clave que los ministros estén en la misma línea y vayan en una dirección, porque si empiezan las peleas internas pueden frenar la marcha del gobierno. El Perú no puede perder más tiempo luego de cinco años perdidos; debe haber un salto de calidad.
Para la mayoría de peruanos, el principal problema que debe resolverse sin demora es la inseguridad ciudadana. Miles de trabajadores son extorsionados y asesinados por brutales organizaciones criminales que ya deben ser aplastadas. Para empezar, Keiko tiene que repotenciar a la Policía y articular con el Ministerio Público y el Poder Judicial, con el fin de evitar que los criminales capturados sean liberados casi de inmediato. También debe poner todo su empeño en prepararse para afrontar el fenómeno El Niño que se avecina y amenaza con ser uno de los más terribles de las últimas décadas.
Las organizaciones criminales que operan la minería ilegal, la economía ilícita más rentable del país, movieron el año pasado más de doce mil millones de dólares. Con semejante poder, compran autoridades en todo nivel y financian campañas de políticos corruptos. En el nuevo Parlamento también hay defensores de esta actividad que destroza la Amazonía, perpetra matanzas como en Pataz, promueve la explotación infantil y evade multimillonarios pagos de impuestos y canon. Capítulo aparte merece la lucha contra esta sanguinaria minería ilegal, principalmente la que extrae oro. Habrá que ver la posición del gobierno fujimorista ante esta lacra. Apago el televisor.
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