Un nuevo estudio presentado en la Lunar and Planetary Science Conference (LPSC) 2026 suma argumentos a la hipótesis de que la vida podría viajar entre planetas. Según las simulaciones, hasta 20 mil millones de células podrían haberse dispersado desde la Tierra hasta Venus en mil millones de años, lo que abre la posibilidad de que nuestro planeta haya estado sembrando vida microscópica en el vecino.

La investigación, desarrollada por especialistas del Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory (JHUAPL) y Sandia National Laboratories, no afirma que exista vida en Venus. En cambio, analiza si microorganismos terrestres podrían llegar hasta ese planeta mediante un proceso conocido como panspermia. Los impactos de grandes asteroides sobre la Tierra habrían expulsado microorganismos al espacio durante miles de millones de años; parte de ese material biológico, según las simulaciones, habría alcanzado las nubes de Venus, donde algunos organismos podrían seguir viables durante un tiempo limitado.

Según un nuevo estudio, la Tierra podría haber estado sembrando vida microscópica en Venus. Foto: Shutterstock

Los autores del estudio plantean que si futuras misiones detectan señales biológicas en la atmósfera venusina, una de las explicaciones sería que esos organismos tuvieron su origen en la Tierra y no en Venus.

¿Cómo podrían los microorganismos viajar desde la Tierra hasta Venus?

Según el nuevo estudio, cuando un gran asteroide impacta un planeta, parte del material superficial sale despedido al espacio y puede alcanzar otros mundos. Este mecanismo, conocido como panspermia, sostiene que la vida o sus componentes esenciales se desplazan entre cuerpos celestes a bordo de fragmentos rocosos. Para analizar la etapa final del viaje —la llegada a Venus—, los investigadores emplearon el pancake model, un modelo que describe cómo un meteorito se aplana y se fragmenta al atravesar una atmósfera.

Las simulaciones revelaron que algunos fragmentos pequeños podrían quedar suspendidos en las capas de nubes venusinas. Con esos cálculos, el equipo estimó que cada año alrededor de 100 células procedentes de la Tierra podrían dispersarse en la atmósfera de Venus. Aunque estudios previos ya habían demostrado que los compuestos orgánicos soportan la violenta expulsión y el tránsito espacial, este trabajo se enfocó en el aterrizaje. En los últimos mil millones de años, la cifra ascendería a unos 20 mil millones de células potencialmente transportadas entre ambos planetas.

¿Qué significa este hallazgo para la búsqueda de vida en Venus?

Los autores del estudio advierten que todos los parámetros de la Venus Life Equation (VLE) —un modelo desarrollado en 2021 por Noam Izenberg y colaboradores— presentan un amplio margen de incertidumbre y que los resultados representan escenarios teóricos, no pruebas de que Venus albergue organismos vivos. Al igual que la ecuación de Drake, esta herramienta combina factores como el origen de los organismos, la capacidad de adaptación de una posible biosfera y la permanencia de condiciones habitables a lo largo del tiempo para estimar la probabilidad de que exista vida.

Pese a las limitaciones, el trabajo amplía el debate científico sobre el intercambio natural de material biológico entre planetas del Sistema Solar. Plantea una cuestión relevante para las futuras misiones de exploración: si algún día se detecta vida en las nubes de Venus, ¿cómo podrán los científicos determinar si surgió allí o si llegó desde la Tierra hace millones de años?

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