Una pregunta emerge tras recorrer Julia Codesido. Retrospectiva, la muestra que ocupa la Sala 1 del MALI y que, con la colaboración de la Fundación Julia Codesido —cuya presidencia está a cargo de la PUCP—, estará abierta hasta el 1 de noviembre. La inquietud es esta: ¿quién fue, en realidad, Julia Codesido (1883-1979)?

Las referencias generales la sitúan como una de las figuras más representativas de la pintura indigenista peruana. Sin embargo, lo que depara esta exposición —que no es la primera sobre su obra, pues la última data de 1976 y fue considerada un hito al firmar con ella la oficialidad definitiva de su poética— es una visión de conjunto. Esa epifanía permite preguntarnos quién fue esta mujer que, desde sus inicios, se impuso con una poética visual de personalidad propia. Porque, a decir verdad, a Julia Codesido se la ha visto como una artista epigonal, cuando de epigonal no tenía nada. A ello se suma que su producción, en especial desde sus comienzos, no exhibía los tanteos naturales de cualquier etapa formativa.

Para la artista, no existía otra manera de ser original y universal si no se tenía al Perú como el centro de su atención. Desde muy pequeña, Codesido estuvo interesada en el arte. Su hogar era un espacio donde se cultivaba la pasión por la lectura, la apreciación estética de la pintura y la discusión de los temas que impactaban al mundo. Podemos deducir que fue desarrollando una sensibilidad: tenía la voluntad de ser artista y, hay que subrayarlo, los medios para hacerlo. Además, debido a la labor diplomática de su padre, el jurista Bernardino Codesido Oyaque, viajó mucho. Era una mujer curiosa y con mucho mundo; era, pues, una ciudadana del mundo.

Julia Codesido. Imagen: Difusión.

En 1919, cuando la recién fundada Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú empezó a funcionar, Julia Codesido ya formaba parte de su programa académico. Tenía 36 años. Bajo la dirección de Daniel Hernández, la institución —creada un año antes, en 1918— acogía a mujeres en su alumnado, algo poco común en la Lima conservadora de entonces. Pero una mujer de 36 años no ingresa a Bellas Artes solo a aprender; ingresa más bien a romperla.

Esa afirmación calza con lo que se ve en la muestra del MALI. Pensemos en sus desnudos: aparte de brindarnos una idea de su trazo, también nos ofrecen un mural de época que revela cómo era el circuito limeño. Las mujeres no podían pintar desnudos masculinos; los hombres sí. Si ellas querían pintar desnudos, tenían que ser modelos femeninos y, además, contar con el permiso de sus padres. Las mujeres desnudas que pintaba Codesido eran indígenas.

Antes de eso, Julia Codesido había estado en Europa, donde quedó fascinada por lo que se experimentaba en los primeros años del siglo XX. Era la época de las vanguardias, de la postura heterodoxa sobre las manifestaciones parametradas, de la mirada subjetiva sobre lo concreto y el auge de la percepción inconsciente. En esos viajes no solo fortaleció su sensibilidad, sino que también reforzó su convicción de dedicarse a las artes plásticas.

"Desnudo de india" (1925). Imagen: Fundación Julia Codesido y Estenós.

"Desnudo de india" (1925). Imagen: Fundación Julia Codesido y Estenós.

Mucho se ha dicho y escrito sobre la influencia de José Sabogal en Codesido. Al respecto, el curador de la muestra del MALI, Luis Eduardo Wuffarden, comenta: “Muchos artistas fueron discípulos del movimiento indigenista de Sabogal. Pero si uno analiza individualmente cada figura, cada una tiene sus características propias. Y especialmente Julia, que es una personalidad nada ortodoxa, que evoluciona de una manera propia sin ceñirse a cánones demasiado estrictos y que está en permanente diálogo con lo que está ocurriendo en el mundo. Julia tenía una personalidad muy especial y, a pesar de haber mantenido abiertamente su lealtad por su maestro Sabogal, buscó su propio camino. Eso le permitió exponer en contextos totalmente modernos en Europa, algo que los demás indigenistas, que se habían mantenido dentro de la ortodoxia del movimiento, no consiguieron, permaneciendo un poco aislados de la escena internacional”.

“Fiesta de Huancahuari” (1931). Imagen: Colección particular, Lima.

“Fiesta de Huancahuari” (1931). Imagen: Colección particular, Lima.

Durante los maravillosos años 20, Julia Codesido se sumergió en la efervescencia de una década marcada por el debate sobre la idea de nación. Fue en ese contexto que se vinculó con la figura mayor de José Carlos Mariátegui, haciendo suyo el fuego de esa discusión y siendo aceptada en su círculo gracias a su alto nivel cultural y visión del mundo. Prueba de ello es que Codesido diseñó la carátula de 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), una obra inspirada en el arte precolombino y el cubismo. “Hubo una sintonía entre ella, Sabogal y Mariátegui. Consideraban que el indigenismo era el arte moderno en el Perú”, destaca Luis Eduardo Wuffarden.

Luis Eduardo Wuffarden. Imagen: Difusión.

Luis Eduardo Wuffarden. Imagen: Difusión.

Wuffarden añade que en la exposición se ha puesto énfasis en las distintas facetas del trabajo de Codesido y en sus múltiples influencias. La sala segunda, por ejemplo, resalta su relación con el arte popular a través del Instituto de Arte Peruano. Cuando Sabogal dejó la dirección de la Escuela de Bellas Artes en 1943, el instituto se activó en 1946, y todos estos artistas recorrieron el Perú copiando elementos de la cultura material y trajes regionales. Recopilaron material etnográfico que sirvió como base para el actual Museo de la Cultura Peruana. La particularidad de Julia fue que, en sus dibujos de carácter etnográfico, mantuvo su propio estilo personal, mientras que otros buscaron una manera más neutra de representar los motivos. “Ella solía decir que sin abandonar lo peruano se podía ser moderno”, subraya Wuffarden.

"Cabeza de criolla" (1937). Imagen: Museo Central. Banco Central de Reserva del Perú.

"Cabeza de criolla" (1937). Imagen: Museo Central. Banco Central de Reserva del Perú.

En cuanto a su vida personal, Ricardo Kusunoki, curador asociado de Arte Colonial y Republicano del MALI, señala que Codesido pasó gran parte de su juventud en Europa. “Es una mujer muy culta, maneja muchos idiomas, tiene mucha libertad personal porque no es una mujer casada. Ella se mantiene soltera a lo largo del tiempo. Al mismo tiempo, tiene una discreción personal muy marcada. Es decir, sabemos muy poco de su vida estrictamente privada. Siempre la quiso mantener en reserva. Pero lo que conocemos de ella es que probablemente esa extrema discreción le permite también tener una vida supermoderna. Es una mujer que no tiene que darle cuentas a nadie”, explica Kusunoki.

Codesido. Publicación del MALI. Editor: Ricardo Kusunoki. Con textos de: Elise Chagas, Gabriela Germaná, Luis Eduardo Wuffarden y Pablo Cruz. Imagen: Difusión.

Codesido. Publicación del MALI. Editor: Ricardo Kusunoki. Con textos de: Elise Chagas, Gabriela Germaná, Luis Eduardo Wuffarden y Pablo Cruz. Imagen: Difusión.

La muestra, que deja muchas sensaciones e interrogantes válidas, invita a preguntarse quién se animaría a investigar más en la biografía de una mujer a todas luces fascinante. La obra de Codesido, permeable y en diálogo con diversas manifestaciones del arte contemporáneo, encuentra en Julia Codesido, Retrospectiva una luz especial. “Uno de los motivos esenciales cuando uno va a un museo es disfrutar lo que ve. Confieso que eso de tener que llevarse una lección de algo no creo que necesariamente funcione. Julia Codesido es muy creativa y tiene momentos superpotentes en términos estrictamente plásticos”, precisa Kusonoki.

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