Un estudio de la Universidad de Oxford, que analizó evidencia de casi 55.000 hombres y decenas de especies animales, sugiere que la eyaculación frecuente —mediante relaciones sexuales o masturbación— se asocia con menor daño en el ADN espermático y mejores indicadores de calidad. Esto podría favorecer los resultados en algunos tratamientos de fertilidad.
Tradicionalmente, los especialistas en reproducción recomiendan a los varones mantener varios días de abstinencia antes de entregar una muestra de semen para estudios o tratamientos, con el fin de aumentar la cantidad de espermatozoides disponibles. Sin embargo, la investigación plantea que ese tiempo de espera también puede provocar su deterioro mientras permanecen almacenados en el organismo. En cambio, períodos más cortos de abstinencia podrían beneficiar los resultados de fertilidad.
Los científicos analizaron un fenómeno conocido como senescencia espermática posmeiótica, que describe el envejecimiento de las células reproductoras una vez que completan su desarrollo. Según el estudio, estas cuentan con reservas de energía limitadas y una capacidad muy reducida para reparar los daños que sufren con el paso del tiempo, lo que las vuelve vulnerables durante el almacenamiento. Los expertos encontraron que los espermatozoides tienden a perder calidad cuanto más tiempo permanecen almacenados en el organismo.
La doctora Rebecca Dean, investigadora del Departamento de Biología de la Universidad de Oxford, explicó que “como los espermatozoides son altamente móviles y poseen muy poco citoplasma, agotan con rapidez sus reservas de energía y tienen una capacidad limitada para reparar los daños. Esto hace que el almacenamiento resulte especialmente perjudicial en comparación con otros tipos de células”. El equipo de científicos revisó 115 estudios en humanos —con 54.889 participantes— y 56 investigaciones en 30 especies animales (insectos, aves y mamíferos). En todos los casos hallaron un patrón común: la calidad del esperma se reduce a medida que se prolonga el tiempo de almacenamiento. Los periodos extensos sin eyacular se asociaron con mayor daño en el ADN, más estrés oxidativo y menor movilidad y viabilidad de los espermatozoides.
Los autores también detectaron diferencias entre machos y hembras en las especies analizadas. La doctora Irem Sepil, autora principal sénior, señaló: “Esto probablemente refleja la evolución de adaptaciones propias de las hembras, como órganos especializados de almacenamiento que suministran antioxidantes para prolongar la viabilidad de los espermatozoides”. Según la investigadora, esos mecanismos naturales podrían inspirar nuevas tecnologías para mejorar la conservación artificial del semen.
Los investigadores señalaron que el envejecimiento de los espermatozoides durante su almacenamiento ha sido un aspecto poco atendido en la medicina reproductiva. Por ello, los resultados del estudio abren la posibilidad de revisar ciertos protocolos en clínicas de fertilidad, en particular los que definen el tiempo de abstinencia antes de obtener una muestra de semen. Krish Sanghvi, autor principal, afirmó: “Las eyaculaciones deben verse como poblaciones de espermatozoides individuales que nacen, mueren, envejecen y pasan por un proceso de mortalidad selectiva”.
La investigación se alinea con trabajos recientes que indican que eyacular en las 48 horas previas a la entrega de una muestra puede mejorar los resultados de la fecundación in vitro. Más allá de la reproducción asistida, estos hallazgos podrían aplicarse en programas de conservación de especies amenazadas y profundizar el conocimiento sobre las estrategias naturales que protegen a los espermatozoides durante su almacenamiento.
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