Después de 17 años dedicados por completo al cuidado de ‘Melcochita’, Monserrat Seminario ha decidido cerrar ese capítulo de su vida. Con una imagen renovada y firme en su decisión de otorgarle el divorcio legal al cómico, la piurana asegura que hoy se prioriza a sí misma, recupera su esencia y se declara lista para volver a enamorarse. “Con él no regresaré ni por error”, sentencia.
Al cumplir 43 años y enfrentar una nueva etapa como mujer soltera, Monserrat confiesa que nunca imaginó separarse de Pablo Villanueva. “Sin embargo, las cosas en un matrimonio se van desgastando con el tiempo y una ya se va haciendo la idea. En una relación siempre hay pleitos, pero en nuestro caso los problemas no eran solo entre nosotros como pareja, sino que también venían por parte de las familias”, explica.
La historia de amor comenzó cuando ella tenía apenas 22 años. “Por eso me da rabia que ahora venga cualquier estúpida a querer dársela de viva y opinar. Además, deseo aclarar que cuando él me conoció, yo trabajaba. No era ninguna vaga”, afirma con molestia. Sobre cómo la conquistó, revela que Melcochita nunca le mencionó que tenía una conviviente estable en Lima. “Él era superdetallista conmigo, aceptaba a mi hijo y lo llevaba a todos lados con nosotros. Cuando un hombre te quiere enamorar, te miente y te engaña, y una, como tonta, le cree. Me decía que era un hombre libre”, recuerda.
La relación se complicó aún más por la intervención de la hija del cómico. “Su hija Susan tenía una obsesión enfermiza con él; lo manipulaba, controlaba y trataba mal. Ella me ponía hombres, inventaba chismes y me calumniaba diciendo que le era infiel a su padre”, denuncia Monserrat. Asegura que Pablo llegó a botarla de la casa varias veces, incluso cuando tenía a una bebé en brazos y estaba embarazada de su otra hija. “Así de desalmados fueron conmigo”, sentencia.
Pese a todo, Seminario sostiene que fue ella quien lo rescató de los peores momentos. “Los hijos le ponían mujeres para alejarlo de mí y lo desaparecían por cuatro o seis días seguidos. A pesar de toda esa porquería, yo saqué a Pablo de las adicciones, de las borracheras y de los malos pasos en los que caen muchos artistas; ya sabes a lo que me refiero”, concluye.
Monserrat Seminario asegura que sí gastó el dinero de Pablo Villanueva, conocido como ‘Melcochita’, pero no en beneficio propio. “Sí, en mis hijas y en educar a mi hijo, eso es verdad”, confiesa. También intentó ahorrar para comprar un departamento y asegurar el futuro de sus hijas, pero afirma que siempre le quitaban lo que lograba juntar. “Su familia se enteraba de que yo lograba ahorrar y hacían algo para desaparecer ese dinero. Por culpa de ellos perdí terrenos y propiedades”, denuncia.
Consultada sobre si la relación con el cómico fue por interés, lo niega rotundamente. “Si hubiera sido así, no habría tenido tres hijas ni me habría quedado a su lado 17 años soportando carencias”, sostiene. Su único arrepentimiento, dice, fue haber dejado a su primer hijo en Piura con sus padres para mudarse a Lima y dedicarse a ‘Melcochita’.
En cuanto a las infidelidades, Monserrat revela que fueron constantes y humillantes. “Me fue infiel no una, sino varias veces y de la manera más descarada, ¡en mi propia cara!”, exclama. A pesar de todo, asegura que se mordía la lengua y aguantaba callada para proteger a sus hijas. “Nadie sabe el calvario de nadie. Pablo siempre fue una miseria de persona conmigo, un tacaño en todo el sentido de la palabra”, agrega.
Cuando se le pregunta si ‘Melcochita’ le agradeció por todo lo que hizo, responde que no. “Cuando se emborrachaba, me agredía verbalmente de la peor manera: me insultaba delante de la gente, tratándome de ramera, de golfa y de lo peor”, relata. Además, señala que los amigos y el entorno del humorista se le insinuaban y le faltaban el respeto.
Hoy define a Pablo Villanueva sin titubeos. “Pablo es un maltratador de mujeres. Él menosprecia y humilla a la mujer, piensa que solo sirve para ser su empleada y que tiene que aguantar sus maltratos gratis. Es un machista y un manipulador. Jamás me dio mi lugar como esposa, pero exigía que lo respetara y lo pusiera en un altar”, sentencia.
Finalmente, explica por qué no trabajó durante la relación. Cuenta que se empleó en una pollería donde hacía de todo: atendía mesas, lavaba utensilios, cobraba en caja y limpiaba baños. Sin embargo, ‘Melcochita’ se lo prohibió por control. “Me obligó a regresar a la casa. Yo jamás dependí de él por gusto, fue él quien me cortó las alas”, concluye.
Monserrat asegura que nunca le fue infiel a Pablo Villanueva, conocido como ‘Melcochita’, y califica las acusaciones como parte de “un plan armado por la representante de Pablo y Heydi para hacerme quedar mal y destruir mi reputación”. En su defensa, sostiene que “nunca me han visto de la mano con nadie, ni en una discoteca besándome con otro, ni haciendo nada malo”. Afirma que su conciencia está limpia y que, pese a no haber hablado públicamente, ha optado por la vía legal: “Desde el día en que nos separamos, inicié con fuerza los trámites del divorcio y las acciones legales correspondientes, porque han atentado contra mi honor como madre y como esposa”. Añade que “el que nada debe, nada teme”.
Consultada sobre si se arrepiente de haber sacrificado su juventud al lado de Pablo, responde que sí, “y de haber tolerado tantas cosas, de no haber tenido el apoyo de un esposo”. Advierte que si hablara y contara todo con pruebas, “destruiría por completo su trabajo y su reputación”, y que él sabe perfectamente a qué se refiere, por lo que pide que deje de atacarla. En cuanto al divorcio, aclara que ya se lo dio, pero que “está en proceso, y todo proceso tarda”. Explica que cuando dijo que no se lo daría fue “por fastidiar”, pero que no quiere “nada que me amarre a él”.
Respecto a la posibilidad de que sus hijas le pidan que vuelva con su padre, Monserrat revela que solo una de ellas se lo ha pedido, pero ya le dejó claro que “eso no va a pasar”. Afirma: “Quiero ser feliz y, si se me presenta la oportunidad de volver a enamorarme, voy a escoger muy bien. Ya no estoy para cuidar a nadie ni cambiar pañales. Ahora me dedico al 200 % a mis hijas y al 100 % a mí”.
Sobre la pensión alimenticia, denuncia que “van a ser seis meses que Pablo no cumple”, pero asegura que no se queda de brazos cruzados: “Me la rebusco. Llamo a mis amistades y les pido que me avisen si hay activaciones o eventos para ir a trabajar, porque necesito generar ingresos”. Finalmente, ante los dichos de Pablo en el programa de Magaly, donde afirmó que ella no envía a sus hijas al colegio, Monserrat responde: “Todo lo vamos a ver por la vía legal. Él me va a tener que demostrar que mis hijas no van al colegio”. Y lanza un mensaje directo a Heydi: “Que deje de estar hablando de mis hijas, que se preocupe por ella misma, por ponerse a estudiar y buscar trabajo, porque no es nadie”.
“Ya no, eso se terminó. Quise llevar una buena relación como padres, y eso que mis hijas me advirtieron que no confiara en él. Y mira, al final tuvieron razón, porque él interpretó las cosas de otra manera. Por eso le he cerrado las puertas de mi casa y está bloqueado de mi celular”, afirma Monserrat Seminario sobre el vínculo con Pablo Villanueva, ‘Melcochita’. A pesar de haber limado asperezas por el bienestar de sus hijas, la relación se quebró definitivamente. Ahora, ella asegura que no volvería a cuidarlo si él se enfermara: “Lo siento mucho, pero que vea quién lo cuida. Yo ya cumplí con creces como esposa”.
Actualmente, Monserrat está enfocada en su divorcio. “Estoy viendo cada detalle con mi abogado para acelerar los trámites y obtener mi divorcio lo más rápido posible, porque quiero ser aún más libre de lo que ya soy”, sostiene. Y aunque no descarta un nuevo romance, tiene claro lo que no repetirá: “Sí, quiero darme una oportunidad con un nuevo amor. Eso sí, ya no me voy a fijar en hombres que me tripliquen la edad; no estoy para cuidar ni cambiar pañales a nadie. Sería tonta si vuelvo a pasar por lo mismo”.
Su mensaje para otras mujeres que atraviesan situaciones similares es contundente: “Les aconsejo de corazón que se saquen la venda de los ojos, que recapaciten y analicen minuciosamente todo lo que están viviendo. Que se den la oportunidad de amarse, quererse y respetarse a sí mismas. Eso fue lo que yo hice. Ahora soy libre, me quité las cadenas, las rompí y soy inmensamente feliz. El secreto es aprender a amarse a una misma”.
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