El periodista español Miguel de los Santos, de 90 años y perteneciente a esa estirpe que vivió las dos Españas, pre y posguerra civil, acaba de publicar un hermoso libro titulado ‘Retratos en la otra orilla’ (Editorial Pie de Página). En sus páginas, reúne las entrevistas que realizó durante sus décadas en la radio y la televisión a personalidades ligadas al arte. Entre los personajes que engalanan el volumen están la gran cantante peruana Chabuca Granda, el poeta chileno Pablo Neruda y el uruguayo Mario Benedetti, con quien sostuvo una conversación íntima, cercana y muy personal.
De los Santos confesó: ‘Quería ser escritor ya desde niño, pero la verdad es que el único camino que encontré para introducirme en el mundo literario era el del periodismo’. En un tiempo en que hacer periodismo era jugarse el pellejo, logró plasmar estos diálogos que ahora cobran nueva vida en formato impreso.
Este Búho, admirador del poeta charrúa, confiesa haber dedicado sus poemas a sus enamoraditas de juventud. Sin embargo, hoy quiere hablar de su producción en prosa. El otro día consiguió una ‘joyita’: el primer libro de cuentos de Benedetti, ‘Esta mañana’ (1949). Le impresionó especialmente el relato ‘Como un ladrón’, cuya trama se centra en un hombre que ingresa a una secta que mezcla esoterismo, filosofía barata y religión. La agrupación está liderada por un sujeto hábil, hipnótico, un charlatán que robaba el alma, los bolsillos y hasta las mujeres de los incautos feligreses.
En la novela, el viejo Martín Santomé está a pocos días de jubilarse tras décadas grises como oficinista. Quince años atrás enviudó y crió solo a sus hijos, sin el valor para conquistar a otra mujer. A través de su diario íntimo, los lectores acceden a sus pensamientos descarnados e irónicos. Allí describe a sus muchachos: ‘Ninguno se parece a mí. En primer lugar, todos tienen más energía que yo. Esteban es el más huraño. Todavía no sé a quién dirige ese resentimiento, pero lo cierto es que parece resentido. Creo que me tiene respeto, pero nunca se sabe. Jaime es quizás mi preferido, aunque casi nunca puedo entenderme con él. Me parece sensible e inteligente, pero no me parece fundamentalmente honesto. Es evidente que hay una barrera entre él y yo. A veces creo que me odia. A veces creo que me admira. Blanca tiene al menos algo de común conmigo: también es una triste con vocación alegre’.
El personaje que termina asesinando al estafador es el típico que Benedetti tomaría lustros después como su ‘alter ego, Martín Santomé, en ‘La tregua’, con reflexiones como: ‘A los treinta años yo era un tipo mediocre. Había fracasado como corredor de seguros, como periodista, como amante, creo que como hijo’. El autor, reconocido poeta a nivel mundial, se consolidó con esta corta pero contundente novela de 1960. Recuerdo haberla leído en la soledad del viejo estadio de San Marcos.
La trama se convulsiona cuando Santomé inicia un romance con Laura Avellaneda, quien tiene la misma edad que su hija Blanca. Blanca, posesiva, le hace la guerra a su novia y a él, pues no acepta que Laura ocupe toda la mente de su padre. El final es triste.
Fallecido en 2009, el poeta uruguayo sigue vivo en el Olimpo de las letras. Su obra incluye títulos como ‘Gracias por el fuego’ (1965) y la alucinante ‘El cumpleaños de Juan Ángel’ (1971), esta última escrita en verso. También son legendarios sus poemas de amor. Según él, todos fueron inspirados por su esposa Luz López, ¡¡con quien estuvo casado 60 años!! En ‘Gracias por el fuego’ escribe: ‘Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor’. El uruguayo tiene una extensión de carretera Panamericana en poemas de amor. Una parada es en ‘Viceversa’, que dice: ‘Tengo miedo de verte/necesidad de verte/esperanza de verte/desazones de verte//tengo ganas de hallarte/preocupación de hallarte/certidumbre de hallarte/ pobres dudas de hallarte//tengo urgencia de oírte/alegría de oírte/buena suerte de oírte/y temores de oírte//o sea/resumiendo/estoy jodido/y radiante/quizá más lo primero/que lo segundo/y también/viceversa’. Apago el televisor.
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